Siempre me ha parecido la gran aberración que en un país isleño como Cuba, rodeado de agua por todas partes, puedan aparecer dichos populares como este de “que importa que el mar se seque, si nosotros no comemos pescado”.
Paraguay es un país poco conocido para nosotros los cubanos. Mis recuerdos de niño van a la voz de mamá cantando aquello de: “Una noche tibia nos conocimos – junto al lago azul de Ypacaraí – tú cantabas triste por el camino – viejas melodías en guaraní”.
Un género literario como la novela policiaca o de espionaje, o la novela política de espionaje como se diría antes, casi ha desaparecido en los estantes de las librerías o cuando aparece lo hace sigilosamente, transitando sin pena ni gloria por el ámbito literario nacional.
Para muchos estudiosos la llamada era posmoderna ha traído consigo una nueva escuela estética también llamada literatura posmoderna y que promueve obras que significan una ruptura con la realidad.
Quiero tocar otra arista del problema...la falta de promoción que tienen los textos recién publicados por las distintas editoras y que salen a llenar estantes de librerías.
La frase que titula esta crónica es letra de la guarachita que sirve de música acompañante a una de las diez historias que cuenta el filme documental Balseros del director español Carlos Bosch, que obtuvo el Premio Coral en el Festival Internacional de Cine de La Habana 2002.
La mayoría de los escritores cubanos contemporáneos tenemos un defecto capital: no leemos a los escritores cubanos contemporáneos. A veces he querido responderme por qué sucede esto, que me afecta a mi también, y trato de pensar en nuestra condición de insularidad que nos hace desear con fuerza conocer qué sucede allende a los mares que nos rodean.
ElCódigo Da Vinci del escritor norteamericano Dan Brown, publicada en el 2003, ha vendido diez millones de ejemplares en todo el mundo y Brown se ha convertido en uno de los escritores más valorados en lo que a novela de suspenso se trata.
Soy del criterio de que a los niños y adolescentes cubanos no se les enseña en toda su amplitud los aspectos más contundentes del devenir histórico forjador de nuestra nación, y que incluso, el público lector en general tiene amplias lagunas sobre este tema. Entre estos aspectos, que no se enseñan o se enseñan poco, está la coincidencia de intereses entre Puerto Rico y Cuba en la lucha por la independencia de las dos islas, las dos últimas colonias del Imperio Español.
Por razones, que entre otras causas tienden a coincidir con las modas desde hace algunos años, ha pasado “a mejor vida” un género literario, o subgénero, como preferían llamarlo determinados críticos; me refiero al género testimonio.