El Baile no es únicamente un área para la habilidad y el movimiento mismo de los bailarines, sino que figura una danza de actitudes y conductas, una coreografía social en la que el cubano va ganando terreno a las inamovibles normas que lo rigen. Tampoco representa, estrictamente, una disipación tras el intenso laborar y las penurias, sino un sitio más para apostar al futuro y ganar la subsistencia.
El acercamiento a nuestra historia ha adquirido reflexiones de peso, madurez al parcelar los períodos, y una tendencia global hacia la suprahistoria. Con ello, el documento auxiliar que el narrador demanda se disuelve, perdido en reinterpretaciones que, como los fajos de leyes, remiten a otras anteriores que se deterioran en bibliotecas y archivos sin convertirse siquiera en letra impresa.
Nuestro arribo al siglo XIX constituye un momento vital para la independencia de Cuba, marcado no únicamente por el enfrentamiento, las conspiraciones y revueltas, sino por una definición de las características específicas que adquiriría el cubano a partir de las propias circunstancias cotidianas.
Para Bergson basta con reiterar en mecánica intención, revelando el ridículo accionar de nuestro ridículo cuerpo humano, para que la risa se plante en nuestros labios.