Pero el temor principal de los servicios secretos del ejército provenía de los informes sobre la salida de muchos revolucionarios cubanos del país. Se esperaba que estos, desde México y Honduras, prepararan expediciones para continuar la lucha armada en Cuba y se asociaba estos planes a los entrenamientos militares para combatir a Trujillo.
Las primeras noticias que tenemos sobre la presencia de emigrados revolucionarios de origen dominicano que conspiraban contra la dictadura trujillista instalada en Santo Domingo datan del año 1933.
Manifestaciones más cercanas al sentir de la burguesía cubana, que apoyaba la alternativa reformista de los partidos electoralistas, las pudimos encontrar en algunos políticos que, a su vez, eran grandes propietarios y renombrados miembros de esa clase social.
Las elecciones convocadas para el año 1958 [...] fueron una suerte de recurso desesperado [...] que practicaron los principales personeros de la dictadura para ganarse el favor de los Estados Unidos y pretender, como siempre, crear una imagen de democracia. Pero el momento político que vivía el país conspiraba contra sus propósitos: la revolución movilizaba a importantes sectores populares decididos a producir cambios sociales de fondo.
La entrada de Cuba al Convenio de Bruselas podía significar una alternativa beneficiosa que serviría de contrapeso a las desventajas del Tratado de Reciprocidad Comercial, el cual permitía establecer precios monopólicos a Washington, especialmente en los momentos en que el azúcar cubano tomaba mayor valor en las plazas europeas.
Esta ley hubiera contribuido a nivelar los beneficios malamente repartidos en el Tratado de Reciprocidad Comercial, sobre todo en un área del comercio donde era preciso favorecer el interés nacional de la Isla en consonancia con los intereses de los países industriales, entre los cuales destacaban los propios Estados Unidos y Europa.
Un año después de puesto en práctica el Tratado de Reciprocidad Comercial, se firmó el 4 de mayo de 1905, hace ya 100 años, el Tratado de Comercio y Navegación entre Gran Bretaña y Cuba, por el Ministro británico en la isla, Lionel Carden, y el Secretario de Estado y Justicia cubano, Juan Francisco O´Farrill.
Una de las realidades mexicanas que más hondo caló en el sensible espíritu de Martí, fue el estado de postración en que se encontraba la raza india.