Un festejo de las cuatro centurias recién transitadas por la literatura cubana podría ser momento para una ponderación histórica, un sesudo estudio de cuánto, cómo y quiénes han escrito crítica literaria en la Isla.
La multiforme obra de Severo Sarduy se proyectó, con idéntica estatura, en los más diversos géneros. Fue, también en este rasgo de su escritura, un ejemplo de esa difícil integración de barroquismo y postmoderno que ha venido produciéndose en la América hispánica desde la segunda mitad del siglo XX...
En la obra de Ballagas hay una voluntaria interrelación entre el poeta y el cosmos, sobre bases a la vez ontológicas, noéticas y éticas. Ya en los inicios de su quehacer poético, perfila ese tema: “Que me ciñan —¡ceñidme!— de eclípticas azules”, apelación que se sitúa en la intersección de la esfera celeste con el plano de la órbita de la Tierra que, al menos en apariencia, el Sol recorre.
Es desconcertante que la obra de Emilio Ballagas (Camagüey, 1908- La Habana, 1954) haya tenido que aguardar hasta el centenario del poeta, para hallar una recepción de más alta sensibilidad y precisión, como la que evidencia el prólogo con que Enrique Saínz abre una nueva edición de su obra reunida.
En “Problemática de la actual novela latinoamericana”, Alejo Carpentier perfiló, con agudeza característica, uno de los rasgos distintivos de nuestra cultura, mestiza en un sentido tan esencial. Me refiero al multifacetismo y la voluntad integradora de la cultura de América Latina.
Historias de fantasmas incluye, además de “Sir Edmund Orme” —texto de gran eficacia narrativa, pero que no destaca particularmente en la obra general de Henry James—, otros dos relatos de estatura mayor, que, sin la menor duda, forman parte de lo más descollante de la obra jamesiana.
Henry James (1843-1916) nació en el seno de una familia sumamente adinerada de los Estados Unidos. Su padre educó a los hijos de una manera peculiar, cuya característica más interesante fue el afán de ponerlos en contacto con diversas religiones, filosofías y sistemas ideológicos, con la aspiración de que los conocieran para que, a la postre, pudiesen elegir a su placer.
Las revistas, sin embargo, surgieron con lo que pudiera calificarse como una vocación de Proteo: poco después de su orto, en la Francia del siglo XVII, la revista inició una evolución que, desde un primer auge ya en el Siglo de las Luces, incluyó, para siempre, un ritmo de autotransformación constante.
El problema de la interpretación del texto artístico no puede desligarse de un amplio conjunto de cuestiones que están relacionadas directamente con la tradición cultural. Estos elementos, lejos de constituir una especie de legado hierático y pasivo, resultan, por el contrario, factores dinámicos para la interpretación del arte por una sociedad determinada.
En el tránsito del siglo XX al XXI, el problema de la interpretación del arte ha alcanzado uno de sus puntos más candentes y, hay que decirlo, abstrusos. La cuestión de una hermenéutica del arte, en particular, constituye uno de los tópicos de mayor debate, a la vez estético, filosófico y culturológico. Sobre este tema quisiera permitirme algunas reflexiones de carácter muy general.