¿Qué estará haciendo con su vida mi hermano Félix Luis Viera, en esa ciudad a la que, en nuestros mensajes electrónicos, no llamamos México D. F. sino «El Valle de la Muerte»?
Resulta oportuno en este momento precisar que el sujeto popular, pese a su incuestionable y paulatina evolución (...), mantiene características que permiten configurar su tipología con marcas estáticas —en el mejor de los casos—cuando no regresivas.
Es el sujeto popular una figura cuyas esencias son asumidas por el entramado social a través de procesos culturales que se expresan en la horizontalidad cotidiana.
Al testimonio siempre se le consideró, aun en su época de más fervorosa promoción, un género ambiguo. Lo anterior se debe a que sus fronteras, a la luz de un análisis morfológico, se presentan sumamente imprecisas en tanto entran, o se dejan penetrar frecuentemente, por otros géneros.
1970. Una noticia sorprende a la comunidad literaria cubana: el premio de poesía Julián del Casal, convocado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, lo obtiene un autor casi desconocido.
Deber ser una ilusión, óptica o auditiva; tal vez una emboscada que me tiende la cotidianeidad con aspecto de Historia. Me percato de que pasaron —tal si tuviera cada uno doce meses— cincuenta años. Y que dejé de ser el niño de nueve, residente en el barrio Condado, de Santa Clara.
Una buena tarde de 1986, por iniciativa de alguien ya olvidado, se realizó en la biblioteca provincial «Martí», de Santa Clara, un encuentro entre jóvenes escritores de La Habana, Santa Clara y Sancti Spíritus [...] También estaba en aquella sala Alberto Sicilia, quien leyó un poema que hablaba del cometa Halley.
Entre 1987 y 1990 trabajé como divulgador en la Universidad Central de Las Villas. Corría el mes febrero de 1989 cuando la directora del Departamento de Extensión Universitaria —dependencia a la que pertenecía— me orientó gestionar un reportaje televisivo sobre la cultura general integral en el alto centro docente.