Cuando Samuel Feijóo realizó una antología del soneto en Cuba, no dejó fuera «La muerte de la bacante», de Joaquín Lorenzo Luaces (1826-1867).
Un breve poema, «Hermandad», de Regino Boti (1878-1958), marca un sentido algo más que panteísta, en la poesía cubana. Es gemelo, pero a la vez diferente del singular poema de Gustavo Sánchez Galarraga «Meditación».
Entre las elegías cubanas, sobresalen las cinco décimas de Jesús Orta Ruiz (1922-2005), conocido como El Indio Naborí, dedicadas a su hijo muerto al final de la década de 1940. El poema se llama «La fuga del ángel» y posee un aliento lírico muy semejante a la poesía barroca del XVII español.
Juan Cristóbal Nápoles y Fajardo (1829-1862?), conocido como El Cucalambé, no suele aparecer en las grandes antologías de poesía cubana.
Rafael María de Mendive (1821-1886) fue un romántico pleno, ya sabemos que tuvo como profesión el magisterio y también conocemos que alcanzó a escribir una poesía plena de delicadezas...
«Yo te amo», el poeta deja un espacio en blanco (un silencio) y dice: «isla». La figura tutelar de Gastón Baquero ha dejado una huella inicial: un verso citado: «Yo soy quien vela el trazo de tu sueño».
Alrededor del año de muerte de Rubén Darío, José Manuel Poveda (1988-1926) estaba logrando vencer el influjo del titán lírico nicaragüense, y con él comenzaba en Cuba, y con ciertos atisbos de Agustín Acosta y algún vanguardismo moderado de Regino Boti, una renovación post modernista.
Exilio no es solo nostalgia, mirada dolorosa de la vida y ni siquiera siempre negatividad ante el hecho de lo que se abandona. Un poeta que se va de su patria bajo circunstancias que no acepta para vivir, puede hallar en su nuevo entorno maneras de conservar la identidad natural de su ascendencia nacional.
Isla en el tacto (1965) puede ser considerado uno de los últimos largos e intensos poemas que en unos veinte años enriquecieron a la poesía cubana.
Ya va siendo manida la atribución de la influencia que el extraordinario poeta martiniqueño Aimé Cesaire pudo ejercer, con Retorno al país natal (1939), sobre «La Isla en peso» (1943), de Virgilio Piñera (1912-1979), a quien también se le relacionó con el teatro del absurdo y hasta con el francés Jean Genet.