Es impensable un mundo regido por la burla o por la broma absolutas, pero es igualmente imposible un mundo bajo la hegemonía de la solemnidad total. El humor busca, más allá de la risa, las contradicciones internas de la idea que conservamos acerca del mundo en que existimos, de la vida y la cultura en que se enmarcan nuestros actos.
Los preceptos de Luigi Pirandello constituyen, a pesar de que aún no logran sacudirse la herencia aristotélica, ni la esencia bergsoniana, un paso importante en la conceptualización de lo risible.
Después de una larga e interesante reflexión, plena de agudas observaciones y definiciones sobre la naturaleza del arte y la literatura, las características de la comicidad medieval y las maneras del estilo mismo, Pirandello deja el peso del resumen de su ensayo a una alegoría: “El artista ordinario se fija en el cuerpo solamente; el humorista se fija en el cuerpo y en la sombra, y a veces más en la sombra que en el cuerpo; advierte todas las bromas de esta sombra, cómo a veces se alarga y a veces se acorta, como si quisiera hacerle muecas al cuerpo, que, mientras tanto, no la tiene en cuenta ni se preocupa de ella.”
Detrás de la obra de muchos dibujantes no suele estar esa elevada noción cultural que suponemos, sino que solo se han puesto en relación los elementos necesarios que la función significante reclama para hacerse cómica y que nosotros mismos vamos a manipular según nuestras propias necesidades culturales.
El emisor de comunicación que en la risa se concentra, pierde su privilegio, ve limitados los rituales en los que podrá circunscribirse y carga el tabú como un atributo del objeto mismo de la comunicación.
Se trata de un humor que depende de una línea sintáctica muy sensible, amenazada por el alto grado de sutileza y por el desconocimiento en el plano receptivo.
La reiteración, que no por presentarse en bloque deja de ser una figura retórica, permite la comicidad continua y crea, como resultado de la tensión antes presentada, una continuidad, además de discursiva, cómica.
Pudiéramos sumar así ejemplos donde los procedimientos de lo cómico y lo humorístico se intercambian las maneras de uso para desembocar en resultados de valor diverso, que no se corresponden con el lugar que la tradición analítica les ha concedido.