Entre las elegías y los nocturnos que escribió el extraordinario poeta neorromántico que fue Emilio Ballagas (1908-1955), sobresale aquel «Nocturno y elegía».
Uno de los poemas más célebres de la literatura cubana es el que trata del desengaño amoroso de Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873): «A él», y me refiero a aquel que comienza: «No existe lazo ya: todo está roto».
Al querer retratarla en un pedestal, coronada de laurel, la gran Luisa protesta, por ser ella humilde como un árbol de cedro. A. L. es un amigo que la estima en demasía, y esto merece un poema.
Rafaela Chacón Nardi (1926-2001) fue una magnífica sonetista. En Coral del aire (1982) hay algunos sonetos antológicos. Creo que el mejor es «A mis huesos».
El poema «Mi patria es Cuba» pudo llamarse asimismo «Isla», como tantos otros cantos a la insularidad dentro de una tradición que el siglo XX aumentó con creces. Pero José Álvarez Baragaño (1932-1962) prefirió con mayor propiedad aludir al archipiélago.
Ya se ha dicho que en «El gigante», Rubén Martínez Villena (1899-1934) manifestó la influencia de la obra poética de José Martí, quien al fin estaba ejerciendo una impronta necesaria en la poesía de Cuba, sobre todo con el diapasón de los Versos libres.
Félix Pita Rodríguez (1909-1990) andaba por el rastro surrealista, cuando publicó «No sé si con palabras», dentro de Corcel de fuego (1948). Aunque la intensión, forma y contenido del poema son muy diferentes de los nocturnos de Emilio Ballagas, puede sentirse entre ellos familiaridad, cercanía.
«Connais–tu le pays…» es el único poema de Isaac Carrillo O’Farrill (1844-1901) que ha logrado trascender, sobre todo cuando muy justificadamente Rafael Esténger lo admitió en su rigurosa antología Cien de las mejores poesías cubanas (1943 y 1948). ¿Cuál es la razón cualitativa de esa deferencia?
«Cura de caballo» no es un texto insólito dentro de la obra de Luis Suardíaz, ni único, los recursos expresivos que en él emplea, son propios de su manera de construir el poema...
Cuando publiqué en 1987 mi libro sobre la corriente coloquialista de la poesía cubana, lo titulé Palabras del trasfondo, que es un segmento de dos versos del poema «Isla», de Rolando Tomás Escardó (1925-1960).