Mi infinita sed de leer en verdad esconde un afán de saber. Quizás un seguidor de Freud me diga que esa sed se debe a una temprana toma de leche en polvo, pues el seno materno ya casi seco no dio para más.
Leer es disfrutar de la lectura desde diferentes ángulos(...). Puede que tenga normas, pero cada cual las adapta secretamente a su personalidad. Leer es uno de esos goces íntimos de los que no podemos, no debemos, no deberíamos prescindir.
El Libro de los Muertos me conduce todavía sobre las aguas del Nilo tal si fuese sobre el Ganges, pues todo gran río es mítico, lleno de sirenas como el Amazonas, prodigioso como el Mississipi, maravilloso como el Yangtzé.
Abracadabra: leemos, y se abre una roca en la caverna, donde se depositan los tesoros infinitos a la mano de Alí Babá. Abracadabra: leemos, y se abre la página de un libro, donde se depositan las letras organizadas en palabras, frases, oraciones, historias y poesía. Todos los tesoros han sido traducidos por la palabra escrita. La lectura también nos salva de lo pedestre de la cotidianidad. He aquí la Biblia, y he aquí El Corán, hermosos y respetables.
Todo sendero posee misterio, penetración en lo desconocido, entrada al bosque, a la sorpresa, a lo sutil y escondido. El Sendero Rilke en la zona cársica de Trieste se abre en Duino y fluye como un río de pasos entre árboles y nieblas. Rainer Marie Rilke lo recorrió casi a diario durante los dos años en que residió en el Castillo de los príncipes de Turn-und-Taxis, escribiendo, bosquejando, desentrañando sus tan famosas Elegías.