Recuerdo la angustiosa necesidad de creer en la utilidad de la profesión; él, Villaverde, siempre fue un apasionado creyente. Hace muchos días veíamos el futuro, hoy llegamos y seguimos juntos en distintos tiempos. Él será siempre nuestro amigo inevitable, nuestro maestro en el optimismo. Será eterno porque nunca fue y será derrotado. Dicen las ondas electrónicas que ganó un premio al diseño gráfico, creo que fue más que eso, ganó un lugar en la siempre constancia. No rendirse es de héroes, pienso que Villaverde es nuestro ejemplo para seguir. No sé si ser joven es tener menor edad o trabajar riendo contra toda adversidad, mejor le pregunto al "Villa".

Ñico

Diseñador Gráfico

Está de moda negar los '70. Para muchos, nada de lo que se hizo en el arte de esa época tiene valor. Los críticos oficiales acusan de artistas oficiales a los de esa generación por no haber descubierto (a destiempo) el posmodernismo. Lo que no pueden criticar, lo ignoran y ese ha sido el triste destino de la revista Cuba Internacional de esa época. La calidad de sus fotos y textos y, sobre todo, la audacia del diseño gráfico aún asombra y no ha sido sobrepasada después. Héctor Villaverde, entonces director artístico, convocó a una serie de jóvenes fotógrafos e ilustradores y, cosa rara, supo utilizar el estilo y talento de cada cual. Cuba era una revista fotográfica con reportajes a base de diez y más páginas donde experimentábamos continuamente. Había una fusión ideal entre los textos casi poéticos de los periodistas, las fotos y el emplane, que realizábamos, muchas veces de conjunto, con criterios que iban mucho más allá de lo meramente informativo. Villaverde, con rigor y paciencia de chino, estructuraba reportajes, descubría interrelaciones entre fotografías, las distribuía y combinaba con acierto con los titulares: creaba y respetaba.

Supo evitar la tentación de recomponer la imagen creada en el terreno. Buena parte de la fotografía cubana posterior nació en las páginas de Cuba … y creó escuela, quizá demasiada. Las modas, como las nubes, pasan: un buen día alguien revisará los ya amarillentos ejemplares de Cuba Internacional, descubrirá su calidad e indudable importancia dentro de la plástica cubana. El papel que en esos logros desempeño Héctor Villaverde será apreciado en toda su dimensión. Mientras, vaya mi modesto reconocimiento a quien tanto, y tan bien, comprendió la fotografía y supo destacarla. Y un mensaje: "Chino, nunca trabajé mejor ni con más gusto".

Enrique de la Uz

Fotógrafo

Por la constancia con que ha ejercido y defendido esta profesión, creando y enseñando a crear la "belleza eficiente" del diseño gráfico, y por su generosidad proverbial, Villaverde es ejemplo de diseñador humanista, un escalón bien alto de la ética y de la estética.

Pepe Menéndez

Diseñador Gráfico

Hace ya varios años - tantos que prefiero no fijarlos con exactitud- tuve el placer de conocer personalmente a Héctor Villaverde Afú. Era, tal cual es hoy: joven, afable, serio y colmado de todas las virtudes que generalmente atribuimos a todos los que se han beneficiado con la herencia que brindan las razas orientales a sus descendientes: gustos exquisitos, personalidad equilibrada, sentido especial de la mesura, la composición y sobre todo una paciencia y tozudez sin par en el universo.

Alfredo Rostgaard

Diseñador Gráfico

Los fervorosos años sesenta dejaron una impronta en la cultura cubana que los tropiezos que les sucedieron no alcanzaron a eclipsar. No contábamos con muchos recursos, pero sí con gran voluntad. En mi caso, será inolvidable una aventura editorial sin precedentes. Fue como buscarle al revés una victoria, a pesar de circunstancias nada amables cuando la vieja revista bilingüe Pueblo y Cultura se transformó en la bilingüe Revolution et/and Culture. Las causas, nada gratas, engendraron un equipo de trabajo febril. Junto a mí, que ocupé la jefatura de dirección, tuve al recurrente suizo Luc Chessex, que hacía click hasta dormido y que nos permitió tener un archivo cultural que ojalá no hayan dilapidado; y a un gordito afanoso, avispado, ansioso de probar fuerzas y de comerse el mundo, un diseñador entonces cachorro, llamado a ocupar un sitio que nadie le regaló en nuestras ediciones, Héctor Villaverde. Tres mosqueteros que nos batimos fuertemente para dejar algunas páginas que hoy se evocan con nostalgia, números monográficos de aspectos de la cultura cubana que no se repetirían. Cuando veo las actuales "plantillas" colmadas, me asombro de nuestro atrevimiento de entonces. A mis locos atrevidos los recuerdo siempre, pues yo también era un intruso en aquellas lides. Luego vino el diluvio.

Reynaldo González

Escritor

Si algo caracteriza la actividad del diseñador gráfico, al menos en Cuba, es el relativo distanciamiento que se establece entre éste y su obra en relación con su conocimiento por parte del público receptor. Tanto es así, que hasta para los especialistas, a veces, la obra de un diseñador gráfico se les desdibuja, y no la asocia con momentos realmente significativos de la cultura nacional. Esto es lo que sucede, entre otras muchas obras gráficas, con la de Héctor Villaverde. Iniciado en la vida profesional en esa escuela que fue, para muchos diseñadores gráficos cubanos, la publicidad, la suya configura un espectro representativo del ámbito gráfico nacional, no solo por su nivel técnico y evolución estilística, sino también por la variedad de medios visuales que abordó, entre los que se destacan el diseño de libros, revistas y carteles, y su trabajo como ilustrador de libros para niños.Cuántas veces hemos sostenido en nuestras manos un libro editado, por ejemplo, por la UNEAC, sin reparar que el primer acto que nos movió a seleccionarlo en una librería fue su diseño de cubierta. Y que éste, como muchos otros editados por esta entidad en el período comprendido de 1964 a 1967, y luego de 1977 a 1999, fue diseño de Héctor Villaverde.

Más de 300 libros diseñó Villaverde para la UNEAC, destacándose entre otros, los relacionados con las ediciones Manjuarí, Premio David y Premio UNEAC. En estas ediciones, se puso de manifiesto una forma de abordar el diseño de cubierta del libro por parte de Villaverde, caracterizado por el uso del símbolo más o menos abstracto o figurativo sobre fondos monocromáticos, y el manejo novedoso de una tipografía de fuerte valor expresivo, que homologó sus propuestas visuales con lo que, en otros medios y por otros diseñadores, se venía haciendo en favor de la consecución del nuevo código de vanguardia de la gráfica cubana.

Asimismo, Villaverde simultaneó su trabajo de diseñador con el de director artístico de revistas emblemáticas como Cuba (edición en español y ruso: 1968-1978), Pueblo y Cultura y Revolución y Cultura, sin obviar otras igualmente importantes como Prisma (1974-1978) y Unión. En esta última revista, es de recordar su diseño de cubierta para el número dedicado a la literatura checa, donde crea una trama visual de ascendencia op, a partir de la reiteración del diseño de la bandera de este país. Mientras que su actividad cartelística se relaciona con su temprano ingreso al Consejo Nacional de Cultura (1963-1967), para el cual diseñó más de cincuenta carteles, algunos ya de referencia obligada para cualquier estudio o exposición que aborde el cartel cubano de vanguardia de los 60. Verbigracia, los carteles que promocionaron las obras de teatro La señorita Julia (CNC, 1967) y La ópera de tres centavos (CNC, 1967), así como Blancanieves y los siete enanitos, impreso por la técnica litográfica, donde se pone de manifiesto la impronta de su trabajo como ilustrador infantil. En 1967, interrumpe temporalmente su trabajo profesional, para asistir a un curso de diseño gráfico en la Academia Superior de Bellas Artes de Varsovia, Polonia, con los profesores Henryk Tomasewski y Tadeusz Jodlowski.

Su trayectoria profesional será el aval principal para que, desde 1987 hasta 1997, sea profesor de Diseño Editorial y Tipografía en el Instituto Superior de Diseño Industrial de La Habana. Como toda actividad docente asumida desde la experiencia y la vocación, la suya devino complemento de su actividad profesional, permitiéndole relacionarse con las nuevas generaciones de diseñadores gráficos, que desde los ´90 revitalizaron los códigos de la gráfica cubana, en particular, los de su cartelismo, en correspondencia con los cambios sociales, estéticos y tecnológicos ocurridos en el país y en el mundo. Es con motivo de estos cambios y, en particular, con la asunción de la computación en el ámbito gráfico cubano a partir de los 90, que el diseño de Villaverde, sin dejar de ser continuación del hecho en décadas anteriores, adecuará sus rasgos estilísticos más destacables, como el manejo tipográfico de alto valor expresivo y su racional contención compositiva, a un cromatismo más rico y gestual en la representación de sus ideas visuales. De esta línea, es su diseño de libro para el Premio UNEAC de 1998, que se corresponde con su ingreso como diseñador gráfico en el Centro Pablo de la Torriente Brau. Allí se destacarán sus diseños para el boletín Memoria y los relacionados con la imagen de identidad de dicho Centro; particularmente, el símbolo- logotipo para el Salón Nacional de Arte Digital, que tiene lugar en el mismo, en el cual se apropia del monograma del pintor y gráfico alemán, Alberto Durero para hacer corresponder sus letras con el nombre del Salón pero pixeladas. Este diseño, conceptualmente, se corresponde con la tendencia de la pintura cubana de los ´90, que se ha dado en llamar posmedieval.

Por último, debe de mencionarse, aunque sea al paso, el trabajo que como activista de la cultura visual cubana y, en particular, de su gráfica, ha realizado Héctor Villaverde en organismos y entidades culturales. Por todo ello, enhorabuena, Villaverde.

Jorge R. Bermúdez