Todo
parece indicar que el primer encuentro de Morante con la gráfica tuvo
mucho, o todo, que ver con la historieta. De niño, en España,
había descubierto algunos personajes emblemáticos del mundo
del comic, de los Tebeos, de la banda diseñada, de los fumetti o
de los muñequitos, es igual. Todavía recuerda con un algo
de nostalgia aquellas maravillas que se llamaban Pinocho y Chapete, Tim
Tyler o el genial Pelopincho de la revista argentina Billiquen .
A lo largo de todos estos años ha hecho todo lo posible por seguirle la
pista a los más importantes creadores de este universo: Will Eisner,
Alex Raymond, Milton Caniff, Harold Foster y luego Milo Manara, Carlos Giménez,
Víctor de la Fuente, Ugo Pratt, Alberto Brescia y más y más,
casi hasta el infinito.
Morante siempre quiso tener sus propios personajes y un día
apareció Alona , una heroína intergaláctica en
busca constante del símbolo de la eterna juventud y para ello echó mano
a sus recursos técnicos desarrollados para la ilustración y la
publicidad. Simultáneamente aparecieron Los Otros unos personajitos
buenos, buenos que se comunican telepáticamente y en los que se sustituyen
los famosos globos por la propia cabeza de los personajes. Más tarde creó una
historia policial de corte futurista, llamada 2031. Actualmente trabaja en otra
historieta, adaptación de su propia novela Los ángeles van
al infierno, esta vez resuelta digitalmente y dibujada con el ratón.