A
los diecisiete años, Morante aprendió, sin la ayuda de nadie,
a tocar el piano y descubrió que podía interpretar música
que no había oído antes. Compuso innumerables piezas que fue guardando
en su "disco duro particular", confiando siempre que su memoria no
lo traicionaría. Afortunadamente así ocurrió, pero no fue
sino con la llegada de la computación que sus sueños comenzaron
a convertirse en realidad.