“Un buen cartel tiene mucho que enseñarle al cuadro más pretencioso”, dijo una vez categóricamente José Antonio Portuondo, y a uno siempre le pareció un poco exagerado. Pero entonces entra uno en estas salas y se encentra otra vez con La moral de la señora Dulska, ¿Quién le teme a Virginia Woolf? o Los cuchillos de 23 y uno queda convencido de cómo un cartel (...)
Gerardo Mosquera
Esta exposición consiste en una nueva recopilación de la versátil obra de Rolando de Oraá, la cual se aprecia, como no es posible hacerlo en la acción dispersa y cotidiana del diseño. Es así posible el establecer comparaciones para una evaluación tentativa del diseño, a través de sus diversos medios siempre fuera de su contexto usual. ¿En qué consiste la evaluación del diseño? (...)
Félix Beltrán
En cierto punto de su desarrollo profesional, el diseñador gráfico se ve ante la disyuntiva de elegir, como una necesidad combinatoria nunca antes sentida, entre dos concepciones estilísticas que pueden conducirlo a la afirmación de su personalidad, al tratamiento distintivo de su obra (...)
Pedro de Oraá
Con el denominado Cartel Cultural, propagador de información artística, aparece un riesgo: sus mismas posibilidades expresivas pueden transformarlo en un cuadro o bello objeto, desprendido de capacidad comunicativa. Eso, que ha sucedido muchas veces, suele afectar también otros géneros propagandísticos (...)
Manuel López Oliva
Han pasado más de veinte años desde que Rolando de Oraá se hizo -a golpe y porrazo- diseñador gráfico; solo que en aquellos tiempos no le llamaban así, sino dibujante publicitario o comercial, término este que se encontraba indisolublemente ligado a la idea errónea de una especie de “arte en la cerca” o suedoarte (...)
César Leal Jiménez |