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ENTREVISTA

Hace décadas que el nombre de Ana María Muñoz Bachs está ligado a algunas de las más ilustres figuras de la literatura cubana, pero con la misma agudeza y empeño ha asumido el cuidado de muy jóvenes autores. Desde la editorial Gente Nueva, Arte y Literatura o Letras Cubanas esta mujer amable ha conseguido que el calificativo de editor alcance su verdadera categoría de cómplice y amplificador de la creación literaria.

-Existe bastante acuerdo en cuanto a las virtudes que identifican a un gran escritor. Sin embargo, hay menos consenso al evaluar el arte de la edición. ¿Qué características permiten hablar de virtuosismo en este terreno?

–El trabajo editorial es fundamental para el libro. Sin duda, el autor crea la obra, pero se apoya y confía en el editor para que pueda salvar los aspectos que a él, al calor de la creación, se le hayan pasado u omitido. En ese sentido estoy convencida de lo valioso de nuestro trabajo. Un editor virtuoso debe tomarse su labor con total seriedad, introducirse, dominar y comprender a plenitud la obra, aportarle a su resultado final.

-¿Desde temprano se supo editora o desembocó en este mundo desde otro ámbito?

–Desde niña viví en un ambiente familiar de lectura y de consumo de cultura constantes. Llegué al trabajo de edición por la vida. A veces me pregunto si he sido yo quien elegí esta profesión o fue lo contrario. Realmente estudié Lengua y Literatura Hispánicas.

-Su desempeño como editora desde la fundación de Letras Cubanas le ha permitido ser testigo excepcional del nacimiento de buena parte de nuestra literatura más reciente. ¿Cómo la valora?

–En verdad he transitado por todos los géneros, pero trabajo más frecuentemente la narrativa. Con varios de los escritores he sostenido una amistad personal. Por ejemplo, en el caso de nuestro importante dramaturgo Virgilio Piñera, a quien me unió y aún me une una profunda amistad, he editado su Teatro completo con mucho orgullo. Actualmente he visto surgir a creadores muy valiosos, unos con obras que ya les permiten cierta consagración y otros que representan una gran promesa para nuestras letras.

-¿Cuál es el tipo de autor con quien prefiere trabajar y cuál le resulta más difícil para el diálogo?

–Me enorgullezco de haber tenido magníficas relaciones con los autores. Sí puedo decirte que he notado que los escritores cuanto más consagrados son, más accesibles se vuelven en el momento de sugerirles algo en torno al desarrollo de un personaje u otro asunto.
En los noveles no sucede así, tal vez por la inseguridad. Recuerdo la sencillez de un Onelio Jorge Cardoso cuando me decía: “Arréglame lo que tú quieras que yo lo que soy es un guajiro de Calabazar”, siendo tan valioso como cuentista. Creo que ese es un detalle que podría servirles de ejemplo a los jóvenes. No se trata de aceptar a priori lo que una le sugiera, sino de permanecer abiertos a esas sugerencias.

-Desde su experiencia, ¿qué importancia le concede a las ferias del libro?

–Recuerdo que desde que era una niña se celebraban ferias del libro, por supuesto, menos grandiosas que estas que organiza el Instituto Cubano del Libro. Resultan una oportunidad envidiable de ponerse en contacto con la lectura. En la actualidad, con la importancia que se le da a la cultura y a la instrucción de las nuevas generaciones, la Feria está llamada a corresponder a ese interés que se va despertando. De hecho su frecuencia ha pasado de ser bienal a anual y se ha llevado a todo el país, algo muy importante.

-Si tuviera que sintetizar el significado de tantos años dedicados al trabajo editorial, ¿en qué términos lo haría?

–Hablaría de felicidad por haberme realizado en lo que me gusta y por haber sido verdaderamente útil.

(Entrevista realizada a Ana María Muñoz Bachs porTania Cordero)

 
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