| Desde
su creación en el año l998, el Premio
Nacional de Edición es un merecido reconocimiento
a esa labor, la mayor parte del tiempo en solitario,
y a los profesionales que se dedican a la hermosa
faena de aportar a los autores la agudeza de la
mirada, seriedad y comprensión hacia la
edición de determinada obra, cualquiera
que sea el género, en aras de desempeñar
una virtuosa tarea en ese dúo inseparable
autor-editor.
El
Premio Nacional de Edición 2002 que recayó
en Ana María Muñoz Bachs, es uno
de los ejemplos del más justo homenaje
a quien ha dedicado gran parte de su vida a este
encomiable trabajo.
Su
inserción en este mundo del conocimiento
se origina, en buena medida, al interior de una
talentosa familia cuyo entorno de estudio y cultura
nutrió de una sensibilidad muy especial
su espíritu y desarrollo personal. La madre,
María
Bachs Fornés, fue una prestigiosa
figura en adaptaciones televisivas; el padre,
Eduardo
Muñoz Nicart, un reconocido
escritor radial, y su hermano, Eduardo
Muñoz Bachs, artista gráfico
de afamada trayectoria entre los ilustradores
cubanos, y con un potable número de premios
nacionales e internacionales. De ahí su
vocación por la cultura, sapiencia y afecto
por los libros y por todo lo que de ellos se desprende.
Ana
María tiene en su haber una larga lista
de obras editadas,
y como mujer generosa, amiga de excepcionales
sentimientos, ha sabido fundir todas esas virtudes
en la huella de su paso por el largo camino editorial
que ha recorrido. |