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Al darse a conocer el sexto Premio Nacional de Edición (2) muchos compartimos la alegría de un amigo, de alguien que resulta muy próximo a nosotros, no sólo por su condición de editor, también de algunos de nuestros propios libros, sino porque la amistad que nos une nació entre las aulas de la Universidad de La Habana.

Por eso, comparto no sólo la satisfacción de Esteban Manuel Llorach Ramos al recibir el máximo reconocimiento que se tributa en Cuba en la esfera editorial, sino su confesa gratitud por aquellos maestros y maestras que, desde la primaria, en su natal Matanzas, y luego en el preuniversitario y en la hoy Facultad de Artes y Letras, al igual que en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”, contribuyeron a formarlo como un intelectual.

Como también sé de la profunda convicción de este colega nuestro, Vicepresidente además de la Sección de Literatura Infanto-Juvenil de la Asociación de Escritores de la UNEAC, especialidad a la que ha dedicado tres décadas de su existencia, cuando afirma que muchos otros editores hubieran podido recibir el lauro, ya que ellos son igualmente decisivos en la batalla de ideas que vive nuestro pueblo, al gestar, producir los libros, materializar los sueños de los autores, a pesar de las limitaciones materiales que vive una nación bloqueada.

Este es un premio de todo el sistema editorial cubano, y así lo asume, con honestidad este hombre que viene, desde el 2001 impartiendo, además, un Diplomado de Edición, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana —donde he podido con absoluta libertad expresar mis criterios— y contribuir al desarrollo de las nuevas generaciones con el aval de su propia experiencia.

Recuerdo cuando llegué a Gente Nueva. Era muy jovencito. Y allí estaba Gladys Valdés, que era toda una autoridad en la materia para ayudarme, y Georgina Cuervo, compañeras entrañables ya desaparecidas, como mi maestro Juan Valdés que es un símbolo de la edición en Cuba, y ese excelente amigo y especialista, para mí indispensable en mi propia formación científico-técnica que fue Rigoberto Monzón. Porque la edición tiene mucho de ciencia, de técnica y también de arte.

Y de didáctica, esa que se manifiesta implícitamente en cada una de las 20 antologías preparadas por Esteban Llorach en treinta años, de narrativa, poesía, teatro e incluso al editar temas científicos, editor que ha tenido siempre como divisa la comunicación con lectores y lectoras, el sentido de una didáctica que aprendió en las aulas y que se fue enriqueciendo con la propia vida.

La voz de su querida maestra Vicentina Antuña, como el afecto familiar de su abuela Rita vuelven al universo espiritual de Esteban, imantado por el amor, por una dedicación, mejor diríamos consagración a la literatura que se produce para la niñez, la adolescencia y la juventud, que ha tenido en este editor a su virtual Quijote, blandiendo lanzas contra la ignorancia, el menosprecio y la insensibilidad, conocedor de esa sustancia íntima que en la forja de un ser humano tiene la lectura desde las más tempranas edades.

Así le vemos igualmente expandir sus inquietudes más allá de la edición, y traducirse en promotor cultural en los talleres literarios, en las comunidades, e integrarse, desde su creación, al proyecto de las Bibliotecas Familiares, donde su presencia ha sido también fundamental para que esos periolibros, en tiradas masivas, lleven lo mejor de la literatura cubana y universal a las más amplias capas de la población.

Sensibilidad humana, sentido crítico, un altísimo nivel de autoexigencia son algunas de las características de este editor cubano, de este técnico que ahora recibe el reconocimiento a la obra de una vida, premio para el que fue nominado por varias casas editoriales cubanas y provincias, porque como buen trabajador es ajeno a cualquier espíritu de feudo, y sin buscar tributos, siempre ha estado presto a llevar sus conocimientos y a compartirlos con sus colegas en numerosos cursos y conferencias que igualmente ha impartido en Cuba.

De ahí también el prestigio alcanzado y cómo este premio suyo que se le entrega en el contexto de la XIII Feria Internacional del Libro, sea también un lauro compartido por cientos y miles de mujeres y hombres anónimos sobre los que descansa, de manera esencial, el libro y la literatura cubanos.

Aquella experiencia inicial, en 1971, cuando realizaba su inserción como estudiante de letras en el departamento de Ferias y Exposiciones , bajo la dirección de Juan Nuiry sería, tres años más tarde, la brújula de una vida, esa que ahora le llevó a Esteban Llorach a ganar, por unanimidad, este Premio Nacional de Edición, como expresión de una obra que, incluso, lo trasciende, porque él mismo la sabe colectiva.

MERCEDES SANTOS MORAY

Balandro a la luz de la luna
Premios
  (1) Mercedes Santos Moray. “Un premio para el sistema editorial cubano”, en Cubarte, el Portal de la Cultura Cubana, 11 de Febrero, 2004.
(2) El Premio Nacional de Edición fue otorgado por primera vez en 1998 y recayó en Imeldo Álvarez García. En los años sucesivos fue conferido a Radamés Giro, Ambrosio Fornet, Eduardo Heras León y Ana María Muñoz Bachs. El correspondiente al 2003 fue conferido a Esteban Llorach Ramos.
 
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    Edición Web: Yamilé Padrón y Nora Lelyen
Diseño y montaje Web: Adys Franco