| Un
momento de reflexión con la inteligencia latinoamericana
Mercedes Melo Pereira
El encuentro
con Pablo González Casanova constituyó un interesante
momento de reflexión acerca de la realidad actual de
América Latina y de la posición de los intelectuales
latinoamericanos ante el neoliberalismo y la globalización.
Con la presencia
de Abel Prieto, Ministro de Cultura; Roberto Fernández
Retamar, Presidente de la Casa de las Américas, Iroel
Sánchez, Presidente del Instituto Cubano del Libro y
Carilda Oliver Labra, Premio Nacional de Literatura,
entre otras personalidades del mundo intelectual, se
celebró en la Sala José Antonio Portuondo de la XIII
Feria del Libro, un intenso encuentro de diálogo y reflexión
con el ensayista mexicano Pablo González Casanova.
En sus palabras
se refirió a dos fenómenos que están afectando a América
Latina, y a toda la humanidad: el neoliberalismo y la
globalización.
En este nuevo
contexto mundial ya no sólo se trata para los movimientos
de izquierda, de resistir, sino de resistir para sobrevivir,
pero sobre todo de ofrecer una opción alternativa en
oposición real al mundo globalizado. La globalización,
comentaba González Casanova, es de hecho una apropiación
del mundo entero por parte de las grandes potencias,
especialmente los Estados Unidos, y más significativamente,
las grandes trasnacionales norteamericanas. Pero esta
apropiación se realiza con la complicidad negociada
de los gobiernos de los países despojados.
En este momento,
comentaba, las izquierdas tienen que unirse en tres
líneas que hasta hace muy poco se aislaban y aun se
oponían. Se trata de la democracia, la liberación nacional
y el socialismo que han devenido en objetivos comunes
de las izquierdas latinoamericanas, como única opción
salvadora que permita a un tiempo la resistencia, la
supervivencia de los movimientos revolucionarios y la
elaboración de una opción alternativa frente al proceso
neoliberal y conservador.
Objetivos de
los movimientos revolucionarios de hoy, como la lucha
contra la desregularización laboral –que es la pérdida
de los derechos de los trabajadores–, son luchas intermedias
que adquieren un carácter parcial pero no pueden perderse.
La certeza de que la movilización por esos objetivos
no basta, el hecho de que sean insuficientes, afirmaba
Pablo G. Casanova, no puede llevarnos a la conclusión
de que sean inútiles: son indispensable.
Más adelante
se refirió al surgimiento de las nuevas ciencias, de
los nuevos saberes, que han impuesto a las ciencias
un carácter pragmático. A una pregunta del público acerca
de este tema, precisó que el diálogo entre las ciencias
exactas y las ciencias sociales se había hecho cada
vez más difícil. En la ideología de los matemáticos,
afirmó, sobreviven las ideas de Plotino. Parece como
si la ciencia fuera todavía, para algunos de ellos,
un ámbito secreto, un sitio hermético al que no todos
pueden acceder. Luego contrastó esta noción con el proyecto
universalizador del conocimiento que se lleva a cabo
en Cuba, donde el acceso a la cultura y a la ciencia
debe ser patrimonio de cada cubano, donde la Universidad
es el sitio de todos.
Sin embargo,
reflexionaba, los nuevos saberes deben ser aprovechados
también por los movimientos revolucionarios, por las
fuerzas progresistas, por ejemplo, los zapatistas ya
se están planteando una organización de redes. El problema,
sentenció, ya no está más en convivir con el sistema
sino en sobrevivirlo: de la burguesía no nos llega sólo
ideología, nos llega también tecnología.
Hay cambios
en el pensamiento de izquierda, cambios que son condicionados
por las luchas de liberación y también por la historia
del socialismo de estado. El pensamiento conservador
aprendió también del marxismo, y a veces es difícil
distinguir entre un revolucionario demasiado desesperado,
acelerado, y un agente provocador.
Una interesante
intervención de Retamar acerca de el viraje de las izquierdas
del sesenta y ocho hacia las llamadas nuevas izquierdas,
dio lugar a una reflexión sobre el proceso de conversión
de aquellas nuevas izquierdas en nuevas derechas que,
usurpando el lenguaje revolucionario, abandonaba su
postura crítica, hacia una posición de franca aquiescencia
con los elementos más retrógrados del actual orden mundial.
La izquierda
latinoamericana debe reforzar en este momento, aseguró,
su capacidad de establecer un diálogo, un debate de
acercamientos entre distintas creencias, entre diferentes
puntos de vista. Puso el ejemplo de la Teología de la
Liberación, que permitió salvar el abismo que una tradición
anticlericalista abría aún entre los revolucionarios
y los creyentes. Era una diferenciación que ya no se
correspondía con la realidad.
Cuba es ejemplo,
concluyó Pablo González Casanova, de esta capacidad
de diálogo multiconceptual, que es el rasgo más avanzado
de la revolución socialista. |