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Por favor, no pregunte: los disidentes
no han llegado
Mercedes Melo Pereira
La presentación
del libro Los disidentes, de Rosa Miriam Elizalde
y Luis Báez Hernández, en la Sala Nicolás Guillén de
la XII Feria Internacional del Libro, estuvo a cargo
de Tubal Páez y contó con la presencia de sus protagonistas.
Entre las miles
de anécdotas que generó todo el proceso de compilación
y distribución del libro Los disidentes, de Rosa
Miriam Elizalde y Luis Báez Hernández, hay una especialmente
reveladora: en los días en que se anunció al público
la venta del volumen, en una librería de la ciudad apareció
un cartel que decía: Por favor, no pregunte: los disidentes
no han llegado.
En sus palabras
de presentación en la tarde de hoy, en la Sala Nicolás
Guillén, Tubal Páez recordaba aquella anécdota, como
ejemplo de la entusiasta expectativa que Los disidentes
despertó entre los lectores cubanos. Publicado por la
Editora Política, el libro se esperaba como confirmación
y ampliación de las noticias en torno a un grupo de
agentes de la seguridad cubana que durante años habían
permanecido infiltrados en los llamados grupos de “oposición”,
alentados y financiados por la CIA, y directamente orientados
por la SINA. Enmascarados tras la fachada de miembros
activos de la supuesta “disidencia interna”, cuya labor
permitió en definitiva desenmascarar la verdadera entraña
sumisa y mercenaria de los mal nombrados “independientes”.
El subtítulo
“Agentes de la Seguridad Cubana revelan historia real”
resume el contenido del material compilado, dividido
en nueve capítulos. El testimonio de Aleida Godínez
Solar evoca una certeza: “Siempre estuve segura de que
no estaba sola”. El capítulo dedicado a Otuardo Hernández
Rodríguez devela una verdad: “El dinero es lo que mueve
a la disidencia”. La angustia de la máscara que el héroe
asume en la lucha secreta aflora en las palabras de
Manuel David Osorio del Rosario, cuando afirma: “Todavía
estoy en la piel del personaje”. Por su parte, Pedro
Serrano Urra evidencia el carácter explosivo de las
revelaciones: “Las pruebas fueron una bomba”. El origen
de las patrañas que los Estados Unidos esgrimen contra
la Revolución en la arena internacional se descubre
en el testimonio de Pedro Luis Véliz Martínez y Ana
Rosa Jorna Calixto, “Ese informe de Ginebra lo escribí
yo”. Camila Pérez Reyes y Ascanio Montero develan un
periplo casi picaresco: “Del Mamey a la alcaldía de
Güines”. A propósito del tan llevado y traído carácter
de “independientes” de los supuestos periodistas de
la llamada “oposición”, Néstor Baguer Sánchez Galárraga
se cuestiona: “¿Independientes de qué?”. Odilia Collazo
Valdés revela el origen verdadero de las “opiniones
independientes” de aquella “oposición”, cuando recuerda:
“A mí sólo me daba órdenes la SINA”.
El libro termina
con una cronología reveladora en el capítulo final:
“La ‘diplomacia’ de James Cason.”
Un emotivo
momento fue el de la llegada de los protagonistas, que
fueron acogidos por un emotivo aplauso del público presente
en la sala Guillén. Los autores conversaron acerca del
apasionante proceso de creación del libro que fue obra,
según expresaron, de todos aquellos que de un modo u
otro colaboraron en su realización, especialmente los
doce agentes cuyos testimonios recoge.
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