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Fuego en Filadelfia de John
Edgar Wideman
Mercedes Melo
La colección
Orbis de la Editorial de Arte y Literatura presentó
hoy viernes 6 de febrero, en la Fortaleza de San Carlos
de la Cabaña, en el marco de la XIII Feria Internacional
del Libro, la novela Fuego en Filadelfia, del
escritor norteamericano John Edgar Wideman.
Nacido en 1941,
John Edgar Wideman cursó estudios en la Universidad
de Oxford y luego en la de Pensilvania. Ya como docente,
creó la Cátedra de Estudios Afronorteamericanos de la
Universidad de Pensilvania. Ha obtenido en dos ocasiones
el premio PEN/Faulkner, una de ellas por Fuego en
Filadelfia, y fue nominado al National Books Critics
Circle. Entre sus obras de ficción están: Una mirada
a la distancia (1967), Los derrotados (1973),
Trilogía de Homewood (1981-1983), Fiebre
(1989) y Dos ciudades (1998); además ha publicado
el volumen de memorias Hermanos y ciudades (1984)
y estudios acerca de Malcom X, Spike Lee, Denzel Washington,
Michael Jordan, Thelonius Monk, entre otros.
Fuego en
Filadelfia se basa en un suceso ocurrido el 13 de
marzo de 1985. Todos los miembros de una comunidad rastafari
en Filadelfia fueron masacrados por un incendio. Sólo
sobrevivió un niño; el fuego había sido provocado por
la propia municipalidad. Cudjoe, que había nacido en
aquel vecindario, regresa al sitio de su infancia. Y
se inicia una búsqueda personal que no deja de ser la
búsqueda del destino de una raza y de un pueblo.
Esta novela
diferente, marcada por el sufrimiento, por la conciencia
de la pérdida y la injusticia, transcurre a lo largo
del develamiento de la violación de los más elementales
derechos del hombre como individuo y como comunidad.
En ese transcurso pesa constantemente la carga de violencia
que ese hombre acumula desde su infancia y arrastra
a lo largo de su vida. La novela es entonces algo más
que una historia de ficción, algo más que la ficcionalización
de un suceso real: deviene la conformación de una historia
personal a través, y al margen de la historia de una
identidad, porque la angustia de la marginación se expresa
en el desposeído, y también, o más aún, en el desarraigado,
porque el regreso al origen no es el regreso al paraíso,
sino a las cenizas del infierno.
Cierto corpus
teórico ha elaborado un modelo de narratividad donde
el héroe ha de salir y regresar al sitio del origen
y en la descripción de su circularidad está su esencia
heroica, su justificación e instauración en el universo
épico, porque el desplazamiento topológico del personaje
se constituye en el desplazamiento épico estabilidad-desestabilización-
meta-obstáculo-lucha-victoria-premio. En esa utopía
ficcional, la teoría presupone un héroe triunfador,
más cuando la condición del héroe ha ido derivando en
la literatura occidental hacia una identidad simplificadora
con el hombre de éxito.
Cuando un escritor
–un lector– opera con un universo narrativo, ficcional
o no, que no consiente el éxito del héroe, porque el
universo referencial, tal como lo concibe el creador
–el lector–, no consiente el éxito para el segmento
humano que representa su héroe, o porque los indicadores
de evaluación del éxito no funcionan en el universo
narrativo –no importa si es en el referencial–, entonces
el regreso del héroe puede instaurarse como reingreso,
como autorreconocimiento. Tal caso el regreso no es
el fin –es decir: ni el final ni la finalidad– del camino
del héroe, sino el inicio de su epicidad.
Obra de impacto
ético y social, Fuego en Filadelfia tuvo un inusitado
éxito de venta y una favorable acogida por parte de
la crítica. Llena de retos, de la más agresiva transparencia,
sobresale por su descarnado modo de contar una realidad
en sí misma agresiva, retadora, descarnada.
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