XIII Feria Internacional del Libro de La Habana



Convocatoria


Comité organizador

Normas
de participación

Memorias

Librerías



Cómo contactarnos durante la feria

Presentaciones de CubaLiteraria en la feria



Feria del Libro de Guadalajara, México


Feria del Libro de Buenos Aires, Argentina


Feria del Libro de Franckfurt, Alemania


Feria del Libro de Toronto, Canadá

Cobertura informativa

Reynaldo, el elocuente

Por Osmany Oduardo Guerra
Fotos: Cortesía La Jiribilla

Me es difícil escribir sobre Reynaldo González y es porque lo conozco, y, más que por esa sencilla razón, porque lo respeto y admiro. Por las tres razones anteriores, razones todas de peso a la hora de valorar a un amigo de reciente adquisición, yo fui uno de los primeros en llegar a la Sala Guillén donde se le adjudicaría a Reynaldo González Zamora (hoy por primera vez escuché su segundo apellido) el Premio Nacional de Literatura.

El año pasado, cuando acababa de ganar el Ítalo Calvino con su novela Al cielo sometidos, yo le hice una entrevista vía e-mail, la cual él contestó con suma prontitud, rasgo que caracteriza a este señor casi siempre risueño, nacido en Ciego de Ávila en 1940, y autor de numerosos libros fundamentales en el panorama literario cubano como Miel sobre hojuelas (1964), Siempre la muerte, su paso breve (1968) y La fiesta de los tiburones (1983). En aquella entrevista a que hacía alusión, yo le pregunté acerca del Premio Nacional de Literatura que se le había otorgado por esos días a Lisandro, premio al que él aspiraba. Él, entre otras cosas, me contestó lo siguiente: “Sé que esta vez, como en la anterior –donde absurdamente Lisandro no estaba nominado–, fui el que más pelea dio entre los finalistas. Si mi obra lo merece, otra vez será”. Y esta vez, por supuesto y merecidamente, lo fue.

Cuando el jurado, presidido por el también Premio Nacional de Literatura Lisandro Otero y conformado por Mirta Yáñez, Miguel Mejides, Ana Cairo y David Mitrani, decidió por unanimidad otorgarle el Premio al narrador, ensayista, antropólogo, poeta, periodista, editor, crítico literario y de cine, fundamentaron su fallo (que esta vez no fue tal) en “la altísima calidad de sus obras en distintos géneros”. Obras que por demás han sido traducidas al alemán, inglés, francés, italiano y polaco.

Los que nos reunimos en ese acto tan solemne, conociendo a Reynaldo que es un ser jovial y de un humor fresco y criollo, esperábamos esas palabras que él pronunciaría porque sabemos de su elocuencia y sabiduría que siempre estremece. Y esas palabras fueron simplemente eso: estremecedoras. Allí, entre tantas personalidades y vacas sagradas (término recientemente aceptado por la Real Academia) y escritores y escritorzuelos de poca monta, Reynaldo González (y Zamora) se estrenó como documentalista y a nosotros se nos abrió frente a los ojos una pantalla enorme, invisible y vimos al Reynaldo niño, al Reynaldo joven que, junto a su hermano, escuchaba a su madre que los conminaba a “hacerse gente”. Y sobre todo vimos al Reynaldo de los años más difíciles. Y por fin la cámara se detuvo y nos devolvió a ese Reynaldo que es la suma y síntesis de todos los anteriores: un Reynaldo que de alguna manera traicionó la letanía de su madre porque ya no es gente, es y seguirá siendo, de la gente.



En esta edición
la feria está dedicada a

Carilda Oliver Labra

Carilda Oliver Labra


Personalidades invitadas

Cultura invitada

Mapa

Expositores

Libros
que se presentan


La Feria
en otras ciudades




El Portal de la Literatura cubana


Biblioteca virtual de CubaLiteraria


Tienda electrónica de libros cubanos



El Portal de la Cultura Cubana


Un sitio de encuentro de todas las culturas de América


Revista digital de cultura cubana

© CubaLiteraria, 2004, créditos