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Emigrantes que no cayeron en el olvido
Por Yasmín S. Portales Machado
Cuando
alguien lee minuciosamente las crónicas de cualquier
viajero que llegara a La Habana en el período colonial,
descubre el peso de los emigrantes europeos en aquella
sociedad. Multicultural a la fuerza –porque a las autoridades
españolas eso no les hacía gracia– tenía entre los grupos
pequeños, pero significantes, al germano.
El primer emigrante alemán
conocido en Cuba es Juan Tetzel, que en 1540 recibió
autorización para operar las minas de cobre del Cerro
del Cardenalillo, hoy El Cobre. Tras Tetzel el número
de alemanes arraigados o influidos por nuestra patria
es interminable. Precisamente de esos hombres y mujeres,
modestos u opulentos, emprendedores capitalistas o poetas
apasionados, trata el libro Los
alemanes en Cuba, del siglo XVII al XIX.
La investigación, firmada por Rolando Álvarez Estévez
y Marta Guzmán Pascual, hace parte de justicia a la
influencia filosófica, artística, científica, literaria
y política de Alemania en nuestra patria.
El volumen fue presentado este
sábado, como parte de los títulos que estrena la editorial
Ciencias Sociales en esta edición de la Feria Internacional
del Libro. La presentación estuvo en manos de Pablo
Pacheco –director del Centro para el Desarrollo de la
Cultura “Juan Marinello”– y son sus argumentos a favor
del libro los que cito. Para mí Los alemanes en
Cuba es un título que hace mucho debió estar
en las librerías, porque de esos inmigrantes, de algún
modo, todos guardamos el recuerdo.
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