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Una novela para un poeta y un poema
para un ensayista
Por Yasmín S. Portales Machado
La colección Biografías, de
la editorial Ciencias Sociales, ya lanzó al ruedo dos
de sus nuevas propuestas para el 2004. La presentación
este sábado de Francisco de Miranda. Precursor
de las independencias de la América Latina,
de Carmen Bohórquez Morán, y Heredia. La incomprensión
de sí mismo, de Rafael Esténger, no convocó
a todo el público que merecían tales volúmenes, cada
uno pieza sui generis del mundo editorial cubano.
Francisco de Miranda
–tercera biografía de este gran hombre que se publica
en nuestro país– fue escrito por la investigadora venezolana
Carmen Bohórquez Morán y publicada en su país recientemente.
El historiador Eduardo Torres Cuevas propuso a Ciencias
Sociales que la incluyese en su catálogo, lo cual no
deja de parecernos oportuno, teniendo en cuenta la importancia
de Cuba en la vida de aquel revolucionario. La estancia
en La Habana de Miranda, como soldado del Rey, hizo
irreconciliables sus diferencias con el sistema absolutista.
El joven que llegó en 1781, como parte de un contingente
militar que apoyaría a los independentistas norteamericanos,
no es el mismo que en 1783 deserta del ejército y emprende
una larga huida de cuatro años. Miranda, con cargos
pendientes ante la policía, la inquisición y la estructura
castrense, inicia una gira por todas las grandes cortes
de Europa, conoce el mundo y las ideas de todo Occidente
y recoge en sus archivos los detalles de cada encuentro
o conversación.
A esta vida, aventurera y apasionante,
trata de acercarnos la investigadora Bohórquez. Su escrupulosa
investigación de las fuentes le permite dejar las exageraciones
–lógicas por la fascinante personalidad de Miranda–
y acercarnos a su ideología a la vez que a sus acciones
en la promoción de la independencia americana. Miranda
editó el primer periódico que defendía la causa independentista
en Europa, acuñó el término “Colombia” en busca de una
formulación propia para las tierras de Nuestra América,
fue un difusor incansable de ideas. Ahora su labor llega
a nuestras manos. Bienvenido de nuevo a Cuba, Don Francisco.
La biografía de José María
Heredia es nueva y no lo es. Expliquemos el acertijo:
Heredia. La incomprensión de sí mismo,
se publicó por primera vez en 1938. Su autor, Rafael
Esténger, fue un polémico periodista y un poeta menor,
pero sus biografías de diversos personajes de la literatura
cubana acercaron a varias generaciones de adolescentes
cubanos a figuras como José Martí, José Manuel Poveda
o José María de Mendive. Después de 1959 Esténger no
escribió más, sus libros cayeron en el olvido y se hizo
el silencio sobre él. A inicios del siglo XXI se reedita
este título, una biografía tan apasionante como una
novela, podría pasar como otro libro entre los numerosos
homenajes por el bicentenario de Heredia. Puede volver
a ser nuevo.
Se me ocurre todo esto porque
las palabras de presentación de Heredia estuvieron a
cargo de ese excelente narrador que es Antón Arrufat
y la imaginación se me ha exaltado. Antón habló con
pasión de su juventud, permeada primero por la apasionante
novela Vida de Martí, de Esténger, y luego
por el autor mismo –conocido de lejos–, cuya apostura
impresionara al harapiento adolescente de doce años.
Para Antón esos fueron los
inicios –de la relación con la poesía y de su intervención
de esta tarde– y abundó sobre un hecho interesante
en la lírica cubana del siglo XIX: los poetas cubanos
de aquel período (Milanés, Plácido, Manzano, Zenea,
Heredia) murieron –o dejaron de crear– antes de los
cuarenta años, no alcanzaron la madurez en el sentido
en que nosotros la entendemos: como acumulación de experiencia,
sino que llegaron a la madurez espiritual obligados
por las singulares circunstancias socio–políticas que
les tocó vivir. Ejemplo de todo ello es José María:
“Meditación en el Teocalli de Cholula” es uno de sus
grandes poemas y lo concibe con menos de veintidós años.
A la personalidad de un poeta
que quiso –mucho más de lo que pudo en términos prácticos–
ser cubano, se dedica este relato que prescinde de las
referencias bibliográficas que interrumpen a historia,
y de la supuesta neutralidad narrativa. Heredia.
La incomprensión de sí mismo, es una novela
de apasionantes giros y justa (no excesiva) fidelidad
a los datos históricos de aquel momento. Léala y juzgue,
tal vez desee luego escribir… ¿poesía?
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