|
La historia como destino
Por L.P.N
Las
palabras de agradecimiento de la Dra. María del Carmen
Barcia, durante la entrega oficial del Premio Nacional
de Ciencias Sociales 2003, este sábado 8, han vuelto
a demostrar que, por muy recurridas que estén, las ceremonias
oficiales siempre pueden recuperar ese aliento inspirador
que está en sus orígenes.
Ofreciendo una lección de elocuencia
y de honestidad, María del Carmen Barcia intentó desandar
ese camino que terminó llevándola a dedicar una buena
parte de su tiempo al estudio de la historia y de la
sociedad cubanas. Su vuelta a los orígenes la llevaría
a mencionar esa capacidad de imaginar que heredó de
su padre isleño; el rigor, el método y la autoexigencia
que le imprimió su madre, una pinareña de Mantua; y
a hacer referencia a la biblioteca que heredó de un
primo, refugiado en Cuba durante la guerra civil española.
Luego vendrían sus estudios en la Escuela de Arte Dramático
con profesores como Modesto Centeno, la ebullición de
esos años 60, en los que viviría, según sus propias
palabras, entre milicia, UJC y libros; y su incorporación
al Plan Fidel, que terminaría definiendo su destino
como historiadora, en un principio por un mal golpe
de suerte, y luego por el redescubrimiento, a través
de su profesión, de ese viejo gusto por imaginar cómo
podrían haber sido las cosas en otros tiempos y en otros
lugares.
Zoila Lapique, presidenta del
jurado que concedió el Premio Nacional de Ciencias Sociales,
correspondiente al año 2003, se encargaría de comunicarle
a los presentes, en el inicio de esta ceremonia, el
acta en la que el jurado dejó constancia de sus razones
para concederle a María del Carmen Barcia este reconocimiento
por la obra de toda una vida.
Olga Fernández Ríos, miembro
del jurado, citaría luego, en sus palabras de elogio,
una larga serie de motivos que avalan el prestigio de
esta investigadora, entre ellos el hecho de haber sido
fundadora de la Escuela de Historia, un centro que formaría,
en los años 60 y 70, una nueva generación de historiadores
cubanos. También haría referencia a sus más de 50 publicaciones
en revistas culturales y de Ciencias Sociales de Cuba
y el extranjero, a su apretada agenda de conferencias
y ponencias en múltiples eventos, y a su libros publicados,
entre los que mencionaría Burguesía
esclavista y abolición, Élites
y grupos de presión, La
turbulencia del reposo, Capas populares
y modernidad, Una sociedad en crisis:
La Habana a fines del siglo XIX, La
otra familia
(parientes, redes y descendencia de los esclavos en
Cuba), y dos tomos de la Historia
de Cuba, publicada por el Ministerio de Educación
Superior: La
Colonia, evolución socioeconómica y formación nacional
(1492-1867) y Las
luchas por la independencia nacional y las transformaciones
estructurales (1868-1898), escritos en
colaboración con otros investigadores. Antes de terminar
se detendría en su capacidad de incursionar con éxito
en diversas temáticas de actualidad: familia, mujer
y relaciones de género, migraciones, marginalidad; en
algunos de los premios que se le han concedido: la Orden
"Félix Varela", el Juan Marinello, el de la
Crítica, el Casa de las Américas, entre muchos otros;
en su habilidad para compartir la dedicación a los estudios
historiográficos y a la labor pedagógica, con los deberes
y las recompensas de la maternidad y la familia; y en
ese encanto personal, sencillez y profundidad que le
son propios.
|