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Jaime Mejía: una larga meditación
desinteresada
Yasmín S. Portales Machado
Fotos: Rogelio M. Díaz Moreno
El
hombre de la charla estaba hablando en la mesa presidencial,
de cabello blanco en cana, patriarcal… casi parece
un abuelito de cuentos. Mi amigo susurra algo para cambiarme
la percepción: “Mira, una vez, en su casa, él me llamó
y me mostró una gaveta: «estas son las vainas, la única
que no puedes usar es esta, porque esta adaptada para
que yo la dispare con mis cuatro dedos».”
No. Los
abuelitos de cuentos infantiles no tienen gavetas llenas
de “vainas”.
Ahora es
presentado por Edel Morales, se llama Jaime Mejía, es
narrador y crítico. Vino a Cuba por primera vez en 1971,
de visita, y luego en 1978, como jurado del Premio Casa
de las Américas. Ha regresado varias veces, siempre
admirando la persistencia del proyecto cubano, convencido
de que tenemos derecho a construir nuestra utopía.
Ahora el
patriarca empieza a hablar acerca de las relaciones
entre el escritor y el mercado, de la nueva literatura,
de la censura ejercida por las entidades particulares
sobre el mercado editorial. La conversación fluye y
fluye, las horas pasan, y yo me olvido de los detalles.
Por suerte otro periodista –eterna vergüenza para mí–
le acosa a preguntas directas y ágiles:
¿Por
quién cree que votarán los colombianos?
La Izquierda
ha perdido el apoyo de la gente por sus errores, el
pueblo de Colombia se ha pasado a la derecha porque
Uribe, el Presidente, ha reconocido que hay una guerra
en el país, es el primero que lo hace, y la está ganando.
Es muy difícil que algún candidato se le oponga, excepto
Garzón, el actual alcalde de Bogotá.
¿Qué
cree de la nueva narrativa de su país?
No leo cosas
recientes, no tengo energía para ello. Ahora solo me
dedico a los clásicos, a los escritores que influyeron
mi infancia y juventud. Releo a Onetti, a Martí, a José
Ingenieros, un poco a Borges, y me pregunto hacia dónde
escapó esa belleza en el decir que ha desaparecido de
los escritores más recientes.
¿Qué
le parece el impacto de las nuevas tecnologías?
En realidad
la que usa internet es mi compañera. Pero yo recibo
los ecos y te digo que da espacio para lo más sórdido
y lo más combativo. Con la revolución en los medios
de comunicación ocurre lo que con todas las herramientas,
vale según el uso que le de el hombre ¿no? Me parece
horrible la proliferación de virus informáticos que
destruyen archivos a diestra y siniestra, pero me alegra
que un campesino en la profundidad de Colombia pueda
llegar a su casa y ver las mismas noticias que un ciudadano
de Londres. Eso abre posibilidades a la unión.
¿Hay
un camino para la Izquierda?
Sí, creo que
hay un Tercer Camino, un camino diferente al del Bloque
Socialista y, por supuesto, del de los imperialistas.
Se trata de las cooperativas. Hay que lograr que la
gente colabore y se beneficie sistemáticamente, eso
les hará combativos y progresistas, creo. Pero todo
tiene que ver con la honestidad, el punto flaco está
en la posibilidad de la corrupción, pero ahí de lo que
se trata es del hombre.
¿Y
el fin del capitalismo?
Eso está lejos
y cerca. Estamos en una etapa de larga decadencia. En
realidad nos enfrentamos a un cadáver, que ya está podrido
por dentro, ¡pero que cadáver para luchar! Yo creo que
el mundo no es perfecto, sino perfectible, y que no
se puede cambiar al hombre, sino a la condición humana.
¿Y
ahora relee por placer o prepara una nueva batería de
ensayos?
No, no estoy
preparando nada. Me mantengo en un estado meditativo.
No es una meditación oriental, es una larga meditación
activa y desinteresada.
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La música en Cuba,
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