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Carpentier y Humbolt escucharon a
Wagner
Por Yasmín S. Portales Machado
Foto: Rogelio M. Diaz Moreno
A
menudo me pasa que dudo del carácter “real” de la Historia.
Hoy mismo, sentada en la sala “José Antonio Portuondo”
de la Feria Internacional del Libro, estuve hablando
de las cosas que un escritor nacido hace justamente
cien años dijo sobre conflictos intelectuales absolutamente
cotidianos para mí: ciudadana del siglo XXI. Todos
mis pensamientos alrededor del Coloquio sobre Alejo
Carpentier de esta mañana giran alrededor del viaje
en el tiempo, tal y como él lo explica en Los
pasos perdidos: La posibilidad que ofrece América
Latina – ¿acaso no el mundo entero?– de estrechar la
mano de un hombre del neolítico a sólo un vuelo de avión
de cualquier metrópoli postmoderna.
La culpa la
tienen cinco personajes, los cinco, escritores, los
cinco, relacionados de diversos modos con Alejo Carpentier:
Ana Cairo Ballester, Hanz Otto Dill, Leonardo Padura
y Armando Cristóbal Pérez. La reunión fue moderada por
Fernando Rodríguez Sosa, vicepresidente de la Fundación
“Alejo Carpentier”. La Fundación se encarga de recopilar
y promover el legado literario del autor de El
reino de este mundo, y con ese objetivo ha auspiciado
la edición de la serie Letra y Solfa, que recoge su
trabajo periodístico.
La doctora
Ana Cairo se encuentra ahora trabajando en la recopilación
de textos cortos de Carpentier sobre Cuba, tanto sobre
su sociedad como de su naturaleza. Involucrada en esta
investigación la doctora releyó los textos de Carpentier
sobre Alemania. La relación del novelista con Alemania
comienza por la música, y se hace evidente en novelas
como Los pasos perdidos o El acoso,
el mundo de la cultura musical alemana y de la literatura
alemana daría para un riquísimo libro, afirmó la profesora,
pero hablaremos de otro aspecto menos conocido aún de
su labor creativa.
El tiempo que
Carpentier vivió en Europa no lo pasó todo en París,
él escritor viajó a Berlín en la década del treinta,
y describe para los lectores de Carteles, de
manera extremadamente vívida, el carácter ultramoderno
de aquella urbe y las polémicas intelectuales que allí
se desarrollan en el contexto que precedió al fascismo.
Él escribe una larga serie de artículos entre 1933 y
1945 que le servirán como material para La consagración
de la primavera.
Pero no solo
eso. En el viaje de Alejo por el río Orinoco, de donde
surgirá esa aventura temporal que es Los pasos
perdidos, él iba acompañado por la huella de
un alemán: Alejandro de Humbolt. El Viaje a las
regiones equinocciales de un nuevo continente
de Humbolt en su paso por aquella misma región, fue
la más fiel bitácora de nuestro escritor mientras avanzaba
por las riberas hallando gentes de “otra Era’’ –otra
Era según el canon occidental, pero eso lo explico más
adelante.
La doctora
terminaba su exposición refiriendo cómo los materiales
periodísticos de Carpentier le sirvieron para recrear
la historia de la Guerra Civil Española, de la Segunda
Guerra Mundial y de la Guerra Fría en La consagración
de la primavera. La intervención de Hanz Otto
Dill, hispanista germano de larga relación con la literatura
cubana, continuó la tesis de la Cairo, pero analizando
el concepto de lo Real Maravilloso y su actualidad.
Del viaje que
hizo acompañado por Humbolt, Carpentier construirá Los
pasos perdidos: La aventura de un europeo que
regresa en el tiempo –por medio de su inmersión en la
Venezuela de la cuenca del Orinoco– hasta conocer a
verdaderos hombres del neolítico. Es justamente en esa
novela, un poco ensayo musicológico, un poco análisis
de las convenciones de Occidente alrededor de la historia,
que se explicita el concepto de lo Real Maravilloso
con claridad. Por lo menos esa es la tesis de Hanz Otto
Dill. Para este alemán que ha viajado por Latinoamérica
lo Real Maravilloso, en su dimensión de los tiempos
coincidentes, es una realidad no solo circunscrita al
Tercer Mundo. Hoy en día la migración y la convivencia
de distintas culturas ponen en solfa la negación de
la Otredad en que se ha desarrollado la cultura occidental
más conservadora.
Para Leonardo
Padura lo Real Maravilloso existe, sí, pero depende
de la actitud de quien lo perciba. “La fe en lo Real
Maravilloso” es un ensayo reducido a dimensiones de
ponencia con el cual Padura ajusta sus últimas cuentas
con la obra de Alejo Carpentier. Lo Real Maravilloso
es una deformación de la realidad, pero perceptible
mediante una exaltación del espíritu. Carpentier le
quita toda posibilidad de asombro a la decadente civilización
del Viejo Mundo, al tiempo que reafirma la franquicia
de América como fuente inexplorada y activa de una realidad
maravillosa.
Armando Cristóbal
no temió ser el cuarto de los expositores, ni tampoco
elegir un tema tan abierto como traicionero: "Alejo
Carpentier y lo cubano”. Era para él imperativo compartir
con los presentes el hilo conductor que percibe en todas
sus obras hacia la nación, más allá de sus sistemáticas
relaciones con el surrealismo, con la cultura de las
vanguardias europeas en general. En ese escritor de
marcada tendencia histórica–realista percibe, reconoce,
una vinculación sistemática con la historia del lado
de acá del océano para reescribir la historia de manera
sistemática. Se puede ver un arco de análisis sobre
el descubrimiento de América para Europa –El arpa
y la sombra, Concierto barroco–,
un arco de análisis de la realidad americana –El
reino de este mundo, Los pasos perdidos,
El recurso del método–, o de la historia
de Cuba –El siglo de las luces, El
acoso, La consagración de la primavera.
Acaso, teniendo en cuenta el proyecto que interrumpió
su muerte de una novela que giraba en torno al personaje
de Pablo Lafargue, el yerno cubano de Carlos Marx, todo
no halla sido más que un intento de construir una gran
saga sobre Cuba y los cubanos en sus múltiples y más
lejanos contextos.
Esta fue una
mañana donde la realidad pareció dilatarse, acaso por
la invocación repetida a un hombre que la redefinió
para dar cabida al aporte de nuestro continente en el
concierto de las naciones.
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La música en Cuba,
Alejo Carpentier
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-
Brujas e inquisidores,
Fernando Ortiz
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Los piratas de la Malasia,
Emilio Salgari
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El capitán Blood,
Rafael Sabatini
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El
vizconde de Bragelonne, Alejandro
Dumas
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