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Una suma de muchos sueños es igual
a un “Caimán”
Por Eduardo Frías Etayo
Fotos: Elio Miranda
“Caimán
no quisimos que fuera una revista informativa cultural,
sino una revista que estuviera en el hecho cultural,
como Orígenes, Ciclón, Lunes de Revolución,
y otras” al decir de Guillermo Rodríguez Rivera. Con
treinta y ocho años de fundada y apuntándose para cumplir
muchos más, Caimán Barbudo se suma a la corriente
de celebrar aniversarios cerrados, como dijera su director
Fidel Díaz Castro; y homenajeó con su lanzamiento a
dos “caimaneros” de la primera cosecha: Guillermo Rodríguez
Rivera y Víctor Casaus.
Palabras para
presentar el Caimán, tanto en La Cabaña como
en el Bar Cuba, siempre serán superfluas, y es difícil
describir la labor de una revista cuya misión durante
todos estos años ha sido la de promover el arte más
joven y la vanguardia intelectual cubana.
Presentada
por su director, y fungiendo como acólito (también actúa
como tal, bueno más bien viceversa, en el problema libacional)
el poeta Bladimir Zamora, con bateadores en la alineación
a la altura de Guillermo y Víctor, y un cerrador, no
por peor bate, sino por cerrar arriba, como Santiago
Feliú, tiene por obligación que ser una presentación
de lujo. Aunque no exenta de originalidad. Fidelito
no cantó, Bladimir no habló de Bayamo, Víctor, siempre
presentador, fue presentado, y Guillermo, que siempre
habla de libros de otros, leyó poemas suyos.
En
medio de la locura que siempre distingue una reunión
de creadores se entregó el Premio Caimán Barbudo, retomado
de un cuasi olvido, el cual recayó en esta reedición
en el poeta tunero (para que vean que no siempre se
queda en la capital) Ray Faxas. Por si fuera poco con
audio apocalíptico y todo “Santi” descargó como acostumbra
a hacer, mientras Armandito, siempre “caimanero” y ausente
físicamente, espetaba una sonrisa desde el fondo de
la capilla convertida en sala de presentaciones.
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La música en Cuba,
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