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Baños públicos S.A.,
de Ester Suárez Durán
Por Mercedes Melo Pereira
Foto Andrés Barca
Hará
dos o tres años: era domingo, de mañana, hacía sol y
el parque estaba lleno de muchachos. En torno a la glorieta
se agolpaba la gente de todas las edades. Me abrí paso
y pude alcanzar el final de una puesta en escena. Alguien
me dijo el título de la obra: Baños públicos S.A.,
de Esther Suárez Durán.
Recordé, veinte
años atrás, o poco más, yo había conocido a una joven
estudiante de sociología que se llamaba así. La había
visto luego, a veces, relacionada con las artes escénicas.
Luego encontré los libros de sus premios, ahora la veo
de nuevo, veinte años más tarde o poco más, alta y sonriente
como en los días de la universidad, sencilla y afable
como entonces, presentando este libro que reúne varias
de sus piezas teatrales.
La colección
Repertorio Teatral Cubano de la Editorial Letras Cubanas
presenta Baños públicos S.A., de
Ester Suárez Durán. Con un original diseño de cubierta
a cargo de Hugo Vergara y prólogo de Roberto Gacio,
el libro reúne cinco piezas de la dramaturga: “Extraños
en la noche”, “Baños públicos S.A.”, “El aire y un poco
de brisa”, “De hortensias y violetas” y “Sueño una ciudad.”
Esther Suárez
Durán (La Habana, 1955) culminó sus estudios de Sociología
en 1978, pero se ha desempeñado también y simultáneamente
como dramaturga, investigadora, ensayista y guionista
de radio y televisión. Ha publicado Para subir
al cielo se necesita, Premio UNEAC “Ismaelillo”
1985; El libro del orégano Premio UNEAC
“Ismaelillo” 1995; Baños públicos S.A.,
Premio UNEAC de Teatro “José Antonio Ramos” 1998; El
alma desnuda Premio UNEAC de Teatro “José Antonio
Ramos” 2001; El juego de mi vida, Vicente
Revuelta en escena y La xxx de Byron en
el 2002.
En su prólogo,
Gacio se refiere a las excelencias de los textos, su
representatividad y la hondura de los conflictos planteados
en los personajes. En esos conflictos incide sin duda
el entorno social, sabiamente observado por la mirada
de la socióloga y puesto en lenguaje escénico por la
pluma de la dramaturga experimentada. Pero, incluso
en su carácter circunstancial, el hombre deja aflorar
en estos personajes la esencial soledad del que ha sido
llevado a una circunstancia límite, no importa si por
agentes externos o por las ineficacias e inadaptaciones
de su propio ser personal.
Esther apunta,
afirma Roberto Gacio, al riesgo de escoger temas y criaturas
poco frecuentados, seres diferentes, excluidos, por
tanto solos, carentes de comprensión y amor, casi siempre
colocados en situaciones extremas, aunque finalmente
lleguen a encontrar el entendimiento y afecto demandados.
En sus palabras
de presentación, Gacio confirma las observaciones del
prólogo:
Sus personajes,
obsesionados con la búsqueda de la verdad, ven surgir
sus contradicciones del rasgo que los distingue: el
tratamiento humanista que indudablemente incluye la
mirada femenina de la escritora. Las criaturas nacidas
del talento y del alma de la dramaturga nos conmueven
porque están colocadas en el esperanzador tránsito del
mejoramiento humano.
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