|
Ahora que los hombres están cambiando
de color
Yasmín S. Portales Machado
Fotos: Rogelio M. Díaz Moreno
En
esta historia hay dos términos muy cubanos que se superponen:
camaján y lagarto.
Según el decir
popular un camaján es el tipo que se las sabe
todas, y no hay quién le da la mala en los negocios,
un vive bien. Y un lagarto es uno que se acobarda
ante todo y cambia de color, se enmascara para hurtar
el cuerpo al peligro. De un personaje que creyó ser
un camaján, pero al que dos periodistas desenmascararon
como Lagarto trata un libro presentado hoy durante esta
XIII Feria del Libro.
El camaján
es el volumen donde el veterano periodista Lázaro Barredo
y la joven Arleen Rodríguez Derivet, denuncian al supuesto
Número Uno de la Disidencia fabricada por el Imperio
como supuesta alternativa a la Mafia de Miami. En realidad
Elizardo Sánchez Santa Cruz-Pacheco, quien fuera favorito
de la SINA, y diversos gobiernos europeos, es un hombre
que intentó burlarse de sus amos y de la Seguridad Cubana,
pero ha sido descubierto con este testimonio.
La joven Arleen
es editora de la revista Tricontinental y
figura familiar en nuestros medios de prensa, ganó el
Premio Nacional de Periodismo "José Martí"
en 1992 y el Premio "Abril" en 1997. Sus
trabajos no se limitan al periodismo, y ha incursionado
en la ensayística. A su lado trabajó el experimentado
Lázaro Barredo, que ha sido periodista, columnista y
subdirector editorial de Juventud Rebelde,
sus textos también aparecieron en Trabajadores
y en otros medios de prensa. La UJC le otorgó
el Premio Nacional "El Diablo Cojuelo" y Prensa
Latina el Premio Latinoamericano de Periodismo "José
Martí". Autor de otros volúmenes como Mi
prisionero Fidel y El chairman soy yo,
este último en colaboración.
La publicación
de El camaján en Cuba es el primer eslabón
para denunciar las operaciones subversibas organizadas
por el gobierno norteamericano dentro de nuestro País
en los últimos años. Pronto este excelente documento
será publicado en inglés, francés, ruso, alemán, portugués
y árabe, para que el verdadero rostro de Elizardo, el
Lagarto–Camaján, llegué a todos lados.
|