|
Una merienda de locos
Por Eduardo Frías
Fotos: Andrés Barca
¿Qué
es una idea loca? Dices mientras escribes con una estilográfica
sin tinta las memorias de papá Mumín. ¿Qué es una idea
loca? ¿Y tú me lo preguntas? La loca de la idea... Eres
tú.
Tras las huellas de la pandilla
de los niños de Peter Pan, y siguiendo encarnizadamente
a uno de ellos, de reciente adquisición, José Manuel
Espino, de quien ya hablé en páginas similares, recalé
al umbral de una puerta, justo en la entrada del Pabellón
Infantil de la XIII Feria Internacional del Libro. Al
intentar penetrar en el recinto miles de ideas me desordenaron
el pelo y la ropa. Caminé hacia dentro a duras penas
y dejaron de molestarme, en la Kasa de las ideas lokas
lo difícil es entrar.
“Niños, autores y libros; Una
merienda de locos” es el nombre que adoptó este encuentro
teórico entre especialistas de la literatura infantil
y juvenil. La Liebre Marceña, del té loco de Alicia,
condujo de la mano a la presentación del primer día,
con el tema: “Tendencias actuales de la literatura infantil
y juvenil”. Con la pregunta “¿Satisfacen la literatura
infantil y juvenil cubana las necesidades y preferencias
de los niños y jóvenes?, el sombrerero dio curso al
debate del segundo día.
Jefes de pandillas escritoriales
infantiles como: Enriquito Pérez Díaz (el nombre va
en diminutivo no por apocoparlo sino por cariño), Omar
Felipe Mauri, Luis Cabrera Delgado, Reinaldo Álvarez,
Magalis Sanchéz; algunos más jóvenes entre los que se
incluyen Nelson Simón, José Manuel Espino, Norge Espinosa,
y pandilleros de la más terrible calaña de la literatura
infantil foránea que visitan la feria, y citemos a Carlo
Frabetti (España) y Bianca Pitzorno (Italia) se reunieron
a elaborar planes (literarios) para el derrocamiento
de los últimos villanos que sobrevivimos aún. En el
evento fueron condecorados con sendos títulos por complacer
a los niños tanto en crear libros, como en su elaboración
(Premio Especial La Rosa Blanca) la escritora Ivette
Vian, y la editora Mirta Andreu.
Dice
un viejo adagio: Conoce a tu enemigo; y yo como buen
nieto del Capitán Garfio, decidí aplicarlo para saber
al dedillo las estrategias de mis enemigos. Resultado,
y con esto que nadie me tilde de blandengue entre la
piratería, estoy decidido a cambiarme de bando. Tantos
sueños, valentía al tocar la realidad, y mucho despego
personal hacen que uno se anime a sumarse al bando de
los pocos, que sin temor a ser considerados escritores
“menores” sigan en el noble empeño de divertir(se),
contrario a lo que piensan muchos no con un niño por
dentro, sino exteriorizándolo para que juegue con sus
lectores.
Firma
El Nieto de Garfio
Pdta: Quien tenga encuadernación
de vidrio que se dedique a las novelas rosas.
Y como todo té de locos, las
palabras finales del evento, a cargo del ya tan mencionado
Espino, en vez de ser finales eran inaugurales.
“Declaración inaugural para
Una merienda de locos.
(Palabras leídas por José
Manuel Espino como cierre del evento organizado por
la Editorial Gente Nueva los días 9 y 10 de febrero)
Parecerá que se acerca el fin,
que se acaba; pero el sombrero seguirá de mano en mano,
de cabeza en cabeza, de corazón en corazón, con la esperanza
de que lo tomen los niños.
A quienes creemos en el
poder de la palabra anónima nos alerta un graffitti
aparecido en Ecuador, tan peligrosamente al medio:
El mundo es demasiado serio
para dejarlo en manos de
los adultos.
Los niños.
Quizá sea la manera que han
encontrado para decirnos que es imposible un cambio
mientras no cambiemos los aparentes mayores, los aparentes
responsables, los aparentes cuerdos.
Bienvenida pues esta merienda
de locos, donde Gente Nueva ha dispuesto su propia maravilla;
dejar que escapen las ideas en el sencillo acto de compartir
el té: te necesito, te respeto, te aguardo. Aguardar
es un verbo hermoso que implica esforzarse para cruzar
autores, editores y promotores, el puente de la confianza,
unidos y diversos.
Cierta voz anónima escribía:
Paren al mundo
que yo me bajo.
Pero eso tiene que ver muy
poco con los invitados a la merienda, pudiera afirmar
que si estamos aquí es para mover, aunque sólo sea un
poquito, las manecillas del tiempo a favor de la infancia:
tierra no tan perdida como relegada.
Por esta vez haremos una
pausa, que no se confíe el lirón, porque volveremos
a esta merienda; nos encontraremos —nosotros los locos—
tantas veces como sea necesario, para anunciarles a
todos la mañana.”
|