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Una brecha a la lectura de más de
cuatro dramas
Por Adys González de la Rosa
Fotos: Andrés Barca
Nos
conocimos en septiembre, para entonces ya tenía el libro
de Sastre en mis manos pero apenas lo había trabajado,
igual me daba un poco de pereza, es lindo el proyecto
de Biblioteca de Clásicos, te permite confrontar con
los “grandes” pero te limita, en ocasiones, a una mera
corrección de la última versión recibida. Me parecía
un acto de total arrogancia. ¿Qué puede hacer una editora
principiante ante la sapiencia de Barba, la genialidad
de Müller o el dominio de la lengua de Sastre?
Los acompañé,
a Alfonso y a Eva, durante su visita de un mes con motivo
del Festival de Teatro de La Habana; las experiencias
que vivimos fueron tan intensas... conversamos, me acerqué
al hombre, al que conocía desde niña por la multiversionada
“Historia de una muñeca abandonada”, más tarde por los
ecos que a mí llegaron de la polémica puesta de “Escuadra
hacia la muerte”, estrenada por Carlos Díaz y El Público
en 1997 y que establecía lecturas paralelas a la vida
de muchos cubanos en esos años, y que apareció hace
unas semanas en adaptación para la televisión de Kiki
Álvarez; y por último, por su extraordinaria faceta
de ensayista y pensador, por compartir sus ideas y sus
ideales.
Tras su partida
quedé ansiosa por adentrarme en el libro, por asomarme
a aquella brecha que se abría al diálogo, por recorrer
el camino de enfrentamiento a que ningún editor debe
renunciar y, por suerte, con la total confianza y autorización
de Sastre para hacerlo.
Lo
primero que sorprende de esta escritura, en especial
a mí que soy graduada de Letras, es la posibilidad de
un teatro que, además de la futura representación, tiene
la cualidad de ser degustado en la lectura serena. Porque,
si bien los parlamentos de los personajes de estas obras
consiguen la altura que hace a una imaginárselos en
escena, no es sino en las acotaciones que la voz del
dramaturgo cala en el pensamiento del lector. Acotaciones
profusas, que no sólo dictarán las acciones al actor
o la atmósfera del lugar sino que será el espacio que
encuentra el autor, el ensayista Alfonso Sastre, para
discurrir acerca de la polémica que plantea. Didascalias
extensas, con tono reiterativo y didáctico, que arman
un fecundo material para utilizar en diferentes momentos
del montaje. Excediendo los límites de la ficción pero
sin renunciar a ella, enriqueciéndola con referencias,
jugando, incitando a una pesquisa, facilitando las fuentes
y tendiendo un paralelo perenne hacia la realidad.
Cada lectura
realizada me proponía disímiles significados, abría
nuevos caminos o me situaba ante otros espejos, así
tras la labor minuciosa de desarmar cada palabra para
revelar su esencia, descubre el lector que no es casual
la presencia constante de los mitos en la obra de Sastre,
no son mera referencia sino que los personajes (Moisés,
Filoctetes, Antígona...) o los hechos y circunstancias
(Numancia) aparecen revitalizados o puestos en un ámbito
que puede ser histórico o habitual por contexto pero
que tiene implicaciones contemporáneas. La decisión
de estos personajes o lo que puede generar se convierten
en parábolas del mundo actual, con incidencia directa
en los temas que más interesan al autor: la deshumanización,
el carácter belicista de los gobiernos actuales, la
vacuidad de los medios de difusión, la censura y la
burocracia, por sólo mencionar algunos.
Sus
obras desbordan los límites del escenario, el dramaturgo
te habla en las didascalias, los personajes interrumpen
la acción para proponer cambios o dialogar con el lector-espectador,
te implican, te consultan, te atrapan en una lectura
que ya no puedes abandonar, de la que formarás parte
para siempre, porque el resultado no está en lo que
escribió Sastre sino en lo que vas aportando a medida
que avanzas, que te vuelves parte de lo que está sucediendo
aquí y ahora, porque la isla de Filoctetes deja de ser
lejana y los numantinos caminan a tu lado por 23.
Ha sido muy
grato redescubrir a los clásicos.
Interactuar
con Sastre, sentirlo vivo en su escritura, significa
crecer como intelectual, beber de lo más elevado de
la cultura hispánica, percibir la sabiduría de los grandes
maestros y recorrer el difícil camino del aprendizaje
humano, del que salimos convertidos, sin lugar a dudas,
en mejores personas.
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