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Siete obras dramáticas de Abelardo
Estorino
Por Laylí Pérez Negrín
Fotos: Andrés Barca
Parafraseando
una conocida frase de Isaac Babel, uno podría decir
que cuando Abelardo Estorino llega a la dramaturgia
cubana, ya había pasado por ella El Gigante. Esta fatalidad
de estar obligado a emerger, cargando encima el peso
de una figura como la de Virgilio Piñera, representó
sin dudas un doble esfuerzo: la necesidad de conformar
una poética personal, como todo artista, y el cuidado
de no ser absorbido por la atracción que emana de una
escritura como la de Piñera, asumida por tantos como
la consagración de los intentos de la dramaturgia cubana
de alcanzar la madurez. Es por eso que llegar a ser
reconocido como un Maestro, el más grande entre los
dramaturgos vivos cubanos, es una recompensa que pocos,
como él y como Babel, han merecido tanto.
La presentación
del Teatro escogido, de Estorino,
este martes 10 en la Sala Onelio Jorge Cardoso, estuvo
impregnada de esa suerte de sacralidad que imponen los
homenajes a los grandes maestros. Sietes piezas componen
este libro que va siguiendo distintas etapas de su dramaturgia:
La casa vieja, Los mangos de Caín,
Ni un sí ni un no, Morir del cuento,
Vagos rumores, Parece blanca y
El baile. En el Pórtico del libro, Omar Valiño,
el compilador del volumen, deja constancia de los dos
grandes motivos que guiaron su selección: la marcada
relación en los textos de Estorino entre historia y
ficción, y la influencia que han ejercido en el decurso
de la dramaturgia insular. En un amplio prólogo, Reinaldo
Montero va hilvanando las constantes y las rupturas
de su dramaturgia, sin perder de vista el trasfondo
que representa su historia personal.
Con
un intenso texto que apresa las líneas principales de
su teatro, Vivian
Martínez Tabares se sumaría a este homenaje, que
concluiría con una fila de personas, muchos de ellos
teatristas, que esperaban llevarse, como un recuerdo
de este día, alguna frase y la firma del Maestro.
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