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Daniel Chavarría:
La sexta isla
Por Layli Pérez Negrín
Foto: Andrés Barca
Para
ese escritor de aventuras que es Daniel Chavarría, la
presentación de La sexta isla, este miércoles
11, trajo una gran satisfacción: la cantidad de lectores
que se aglomeraron en la Sala “Lezama Lima” para escuchar
sus palabras, y que, luego, se vieron obligados a alinearse
en una fila que doblaba la esquina para intentar adquirir
algún ejemplar, y para sufrir, algunos, la decepción
de que se agotaran todas las cajas previstas para esta
presentación.
Narrador, guionista,
traductor, profesor de Latín, Griego y Literatura Clásica
en la Universidad de La Habana, y aventurero de vocación,
Daniel Chavarría ha sabido moverse con acierto entre
la clásico y lo popular, encontrando en la tradición
un filón que justifica su afición por la acción trepidante.
Aunque ha escrito novelas de misterio, históricas y
políticas, prefiere reconocerse como un escritor de
aventuras, a quien le interesan las historias con personajes
excepcionales que se mueven en circunstancias excepcionales:
“estoy convencido de que la aventura ha sido el material
principal de los argumentos más interesantes de todos
los tiempos. Homero es aventura; el teatro de los tres
grandes trágicos griegos está basado en los mitos griegos
antiguos, que son también aventura; la novela medieval
es aventura; Don Quijote y también todo Shakespeare
son aventuras; y desde el Renacimiento hasta nuestros
tiempos, la lista es interminable.
La
sexta isla, que llega en esta edición de la Capitán
San Luis con una llamativa portada con isla, caravela,
puñal y gemas, es una novela fragmentada en distintas
historias que mezclan lo histórico, lo político y lo
policial. Como todas las narraciones de Chavarría está
sostenida por un hábil manejo de la intriga y por un
sentido de la verosimilitud que facilita los saltos
más espectaculares entre historia y ficción. Diestro
constructor de personajes, dota a sus criaturas, incluso
a aquellas que solo están de paso por algunas páginas,
de un denso pasado y de detalles que fijan ese rostro
propio que poseen los personajes inolvidables. Aunque
el hilo conductor es la trama policial, el espacio de
esta novela abarca también el erotismo, las intrigas
políticas, las predisposiciones míticas, y el bajo mundo,
entre otros escenarios y situaciones dramáticas.
Después de
escribir su primera novela, Joy, Daniel
Chavarría iniciaría una carrera literaria que lo convertiría
en uno de los grandes narradores latinoamericanos y
lo haría frecuentar certámenes dedicados a la novela
de misterio como la Semana Negra de Gijón. Antes de
llegar con Adiós muchachos al Edgar Allan
Poe que otorga la Asociación (Norte) Americana de Escritores
de Misterio, en el 2003, este escritor uruguayo, radicado
desde hace 33 años en Cuba y merecedor en nuestro país
de la Distinción por la Cultura Nacional, había recibido
premios como el Dashiell Hammett por Allá ellos,
el Casa de las Américas por El rojo en la pluma
del loro, y el Planeta-Joaquín Mortiz por El
ojo Dyndimenio.
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Con tinta de ayer, Carilda
Oliver Labra.
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Fiebre de caballo,
Leonardo Padura.
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El harén de Oviedo,
Marta Rojas.
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La última noche
que pasé contigo, Mayra Montero.
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Foto de familia, Luis
Cabrera.
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Juzgar a primera vista,
Luis Amado Blanco.
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De la narratividad al abstraccionismo
en la danza, Ramiro Guerra.
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Vida de Ismaelillo, Paula María Luzón.
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