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Abrazos de amor curan la soledad
Por Eduardo Frías Etayo, el Nieto
de Garfio
Foto: Andrés Barca
Cayendo
por el agujero, Alicia perdió la noción de cómo llegó
al extraño castillo, un patio interior, con fortalezas
simuladas dentro de la fortaleza, y un centenar de niños
correteando de un lado para otro. El sombrerero, la
liebre, todos celebrando un cumpleaños, en vez de un
perfecto no cumpleaños.
Yo decidí que,
aunque ayer me cambié de bando, todavía es muy temprano
para expresiones de alegría altisonante, y permanecí
recostado a un muro escuchando las palabras de un tal
Enriquito
Díaz, que presentaba la entrega del Premio Magistral
“La Rosa Blanca” a Julia Calzadilla.
Interesándome
por los hechos, yo que soy nuevo en esto de trabajar
para los niños, antes enemigos míos, me acerqué a escuchar
cuando un tal Sir
Esteban Llorach, condecorado con la orden “Premio
Nacional de Edición”, cosa que no entendí muy bien,
dijera:
“La Asociación
de Literatura Infantil de la UNEAC otorga el Premio
Magistral “La Rosa Blanca” a Julia Calzadilla Núñez
por la excelencia, relevancia y continuidad de su obra
literaria dedicada a los niños y jóvenes durante el
homenaje tributado en la XIII Feria Internacional del
Libro de La Habana, como parte del coloquio “Niños,
autores y libros; Una Merienda de Locos”. Este
premio entregado excepcionalmente en el año 2000 a Dora
Alonso, y en el día de ayer a Ivette Vian, es entregado
hoy a Julia Calzadilla. Muchas felicidades.”
Tras muchos
aplausos que en otra época me hubieran provocado urticaria
(recuerden que me cambié de bando), la homenajeada dijo
(y aseguro que no leyó) sus agradecimientos.
“En estas ocasiones
se supone que uno hable, y una parte de mi trabajo es
hablar. Ustedes se preguntarán por qué este sombrero.
Se acaba de terminar un coloquio internacional, un encuentro
de autores y críticos sobre la literatura para niños,
en fin, todos teníamos que ponernos el sombrero al hacer
uso de la palabra, sino no podíamos hablar. Este es
el sombrero del Sombrerero de Alicia en el País de las
Maravillas, y como ustedes verán lo tenemos en nuestra
credencial, en prendedores y hasta en las mesas del
local donde sesionó el encuentro, o sea que fue una
merienda de locos, como se llamó. Allí se hablaron cosas
muy serias, pero la pasamos bien.
Yo quiero dar
gracias por supuesto a la Unión de Escritores, a Mirta
González, la directora de la Editorial Gente Nueva y
a todo su staff, que estuvo tras bambalinas, y a todos
ustedes que están aquí.
Los
Chichiricús hacen magia. Ellos tienen un bastón
de madera de guásima que utilizan para hacer hechizos.
Yo quiero ahora con el sombrero del Sombrerero hacer
un acto de magia, algo que puede quitar cosas. Algo
que puede quitar dolores, algo que puede quitar la soledad.
Todos lo vamos a hacer aquí; niños y adultos. Yo voy
a decir Barambamban
Barambambín, que es lo que dicen chichiricús, y vamos
a hacer uno sus trucos de magia. Y cuando cuente tres
vamos todos a abrazarnos, yo quiero crear un lazo de
amor que llene el aire, que cubra todo el universo.
¿Están listos muchachos?
Barambamban
Barambambín, uno, dos y tres...
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Con tinta de ayer, Carilda
Oliver Labra.
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Fiebre de caballo,
Leonardo Padura.
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El harén de Oviedo,
Marta Rojas.
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La última noche
que pasé contigo, Mayra Montero.
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Foto de familia, Luis
Cabrera.
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Juzgar a primera vista,
Luis Amado Blanco.
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De la narratividad al abstraccionismo
en la danza, Ramiro Guerra.
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Vida de Ismaelillo, Paula María Luzón.
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