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Viaje al centro de Capiro
Por Ricardo Riverón
La Editorial
Capiro, fundada en Santa Clara el 23 de septiembre de
1990, con sus ciento setenta y nueve títulos publicados,
sus tres premios de la Crítica y sus dos premios “La
Rosa Blanca”, trae a esta feria seis de sus más atractivos
títulos de los producidos en el último año.
Consecuente
con su política editorial, que apunta a ubicar en el
tono del discurso nacional la literatura y los productos
editoriales que se gestan en el territorio de la provincia
de Villa Clara, la propuesta incluye títulos de autores
reconocidos de otras provincias del país, como el camagüeyano
Roberto Méndez, o la matancera Carilda Oliver, cuyo
primer libro de prosas acabamos de presentar en la sala
“José Antonio Portuondo”, hasta escritores residentes
en la capital y en los municipios villaclareños, beneficiarios
todos de la política de expansión editorial desatada
en el país hace cuatro años con la adquisición del sistema
de impresión Riso.
Una breve
reseña de cada título publicado me obliga a comenzar,
por cortesía con el visitante, con Castillo interior,
colección de ensayos del prolífico Roberto Méndez. Se
trata de ocho piezas reflexivas, donde el autor de títulos
tan importantes del género como La dama y el escorpión
y Elogio de la noche, recorre las
que podríamos denominar sus más caras obsesiones como
crítico. Sus inquietudes se mueven conducidas por muchas
directrices. Vamos ganando noticia así de la impronta
teológica en el teatro de Pedro Calderón de la Barca,
a quien él denomina teólogo agónico. Igualmente de un
San Juan de la Cruz visto con los ojos de hoy en su
poético ayer inefable, o de un Baltazar Gracián en pos
de una espiritualidad moral que, estricta y atada como
la época disponía, hace galas de vuelos y libertades
que singularizan notablemente a este escritor. Pero
Méndez no queda preso en aquellos universos vaporosos
de lo medieval y su pupila se detiene también sobre
autores, la mayor parte poetas, como María Zambrano,
Gastón Baquero y Roberto Friol. Y a través de ese enlace
de lo antiguo con una de las zonas más sutilmente elevadas
de la cubanía, el prosista nos deja ver una arista de
la grandeza de nuestras letras, pues bastaría solo el
análisis del autor de «Palabras escritas por un inocente
en la arena», o el del semi olvidado Roberto Friol para
que aprendamos, desde la fluida y en ocasiones ingeniosa
prosa del autor, sobre esos poetas que, aun escribiendo
para sí, lograron inscribir en el reino insondable de
la poesía, un alma nacional atormentada, lúcida y bullente.
El cierre
del libro se da con el trabajo más inquietante, puesto
que, al asumir Roberto la posición de árbitro en la
polémica Mañach-Lezama, nos va dejando, en el juicio
sereno y desprejuiciado, una especie de deslinde entre
las distancias y las coincidencias en las dos imprescindibles
y contrapuestas figuras a través de la discusiones en
el plano (su plano) estético que ambos capitanearon
y defendieron con ahínco en sus respectivos momentos.
Otro de los
títulos que proponemos es Yo también maldije a
Dios, del género testimonio, ganador
del Premio Literario Fundación de la Ciudad en el 2002
y de la autoría de Amador Hernández Hernández.
Las páginas
de Yo también maldije a Dios nos sitúan
ante la vida de su protagonista: Lino Hernández, un
guajiro víctima de su propia ignorancia, aunque no carente
de ética. Valiéndose de un estilo desenfadado que raya
con el desparpajo, el autor ubica el epicentro de sus
acciones, la definición de las esencias, en lo alternativo:
ese costado no oficial de la Historia. Con tal proceder
valida, según considero, una de las reglas de oro del
género en su vertiente más atractiva: las pequeñas historias
complementando el concierto de la Gran Historia Nacional.
La habilidad
con que el autor conduce el itinerario vital de Lino
Hernández comienza a crecer en interés cuando arribamos,
muy al principio, a la descripción de la experiencia
del Servicio Militar Obligatorio en los sesenta, con
toda su épica soterrada y de violencia silenciosa. Sigue
entonces, entre otros avatares, la traumática gesta
que vive en Angola, en cuya guerra se involucra ingenuamente,
pensando sobre todo en adquirir una grabadora. Y el
otro gran punto de giro aparece con la experiencia miamense,
donde el vínculo, casi involuntario, con el negocio
de la droga, lo estimula a regresar a Cuba. Y en esa
situación lo dejamos al final tratando de resanar lo
dañado por él mismo en su vida y en la historia familiar.
Se trata de
un texto ameno y escrito con notable dinamismo expresivo,
donde la psicología del protagonista es captada, con
plenitud de matices, en una oralidad que para nada se
apoya en la reproducción fónica del lenguaje. Es un
libro donde además podemos hacer otras muchas lecturas,
referidas a la esfera laboral, la inciación sexual en
los campos cubanos, el juego prohibido, la vida en prisión,
pues por todas estas experiencias pasa Lino, y su manera
de narrar no escatima autocríticas. Y son precisamente
la autocrítica y la ética las que nos salvan a este
antihéroe haciéndonoslo simpático, y también gracias
a estas dos características que el autor supo perfilar
con buena mano, se nos convierte en materia de testimonio,
casi en arquetipo etnológico.
Otro texto
testimonial que hoy presentamos es Éditos e inéditos,
de René Batista Moreno. En el se expresa, desde un ángulo
bastante inusual en el testimonio cubano, la experiencia
de personas aficionadas a la literatura —algunos
de ellos miembros de los talleres literarios— en su
relación con grandes figuras de la cultura cubana. El
libro nos reporta cómo esos aficionados obtuvieron de
esas grandes luminarias textos que conservan en sus
manuscritos originales y que, en buena medida, son revelados
en el presente volumen. Así nos enteramos de la generosidad
que supieron tener con esos principantes: Nicolás Guillén,
José A. Baragaño, Rolando Escardó, Samuel Feijóo, Enrique
Serpa y Leoncio Yanes, mientras todo se nos va dando
desde una contextualización adecuada y sugerente, llena
de referencias locales y universales, todas engrandecidas
por la irrigación mutua de savias otrora exclusivas.
Una simpática
noveleta para niños, Memorias de un sombrero,
escrita por Mildre Hernández Barrios, nos hace posible
razonar, desde un enloquecido universo donde lo fantástico
linda con una realidad amable y sobriamente descrita,
sobre la injusticia, la honestidad, el desprejuicio,
la solidaridad y toda una serie de valores que, a través
de una trama muy bien hilada y enjundiosamente tratada
en el plano lingüístico, pueden muy bien contribuir
al enriquecimiento espiritual de nuestros niños. Las
peripecias y anécdotas que acompañan a este sombrero-protagonista
en las noventa y tres páginas del libro, seguramente
serán del agrado de los lectores por su ingenio y audacia
temática y estilística, donde incluso no falta lo didáctico
sin que ello implique una actitud peyorativa hacia el
niño.
La narrativa
no podía faltar y un texto como Dile al corazón
que ame en voz baja, de Mario Brito,
nos adentra, desde la hibridez epistolar y poética
con que se nutre el género, en el universo del adulterio
sublime, en el redescubrimiento de un romanticismo del
que, deudores todos, no somos conscientes en ninguna
medida.
Las mayores
excelencias de un texto como este se aprecian en lo
depurado y dinámico de su lenguaje, y en la reflexión
cuidadosa sobre el destino del amor y sus amplias zonas
de agotamiento-resurrección. Aunque es procedente aclarar
que todo se hilvana en una inquietante trama narrativa
que acaba imponiendo su marca sobre los demás murmullos
genéricos que enriquecen al libro.
Y el último
título que proponemos hoy es el poemario Para
no quedar en el andén, de Luis Manuel Pérez
Boitel. Aquí Boitel nos enseña una vez más su segura
mano para la construcción de los poemas, todos enrrumbados
hacia los costados existenciales donde la interrogación
sobre la propia vida, sobre el destino del amor, sobre
el descubrimiento de sitios especialmente marcados para
repensar la vida. Es también un libro que se acoge al
fingimiento genérico, dejándose avasallar en ocasiones
por una prosa de vigorosa estructura sintáctica que
le confiere otro aire de singularidad. El sentido del
ritmo, el dominio sobre la célula básica de la respiración
poética son elementos que caracterizan a este libro
de Boitel, de la misma manera que otros suyos, aunque
de manera diferente dada la exactitud en los períodos
sintácticos y la síntesis que los textos derrochan.
Estimados
lectores, esta es la propuesta de la editorial Capiro
para esta feria. Una editorial que sin dudas ha logrado
ser fiel a la tradición que, en el lejano 1958, iniciara
Samuel Feijóo, el más grande editor que han conocido
las tierras villaclareñas. Esperamos que disfruten y
aprendan con nuestra propuesta.
Muchas gracias.
*Palabras
de presentación de los libros de la Editorial Capiro
en la Feria Internacional del Libro de la Habana. 11
de febrero de 2004. Sala “Alejo Carpentier”.
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Con tinta de ayer, Carilda
Oliver Labra.
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Fiebre de caballo,
Leonardo Padura.
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El harén de Oviedo,
Marta Rojas.
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La última noche
que pasé contigo, Mayra Montero.
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Foto de familia, Luis
Cabrera.
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Juzgar a primera vista,
Luis Amado Blanco.
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De la narratividad al abstraccionismo
en la danza, Ramiro Guerra.
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Vida de Ismaelillo, Paula María Luzón.
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