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Imaginar una entrevista contra las
normas del olvido
Por Yasmín S. Portales Machado
Fotos: Rogelio M. Díaz Moreno
Ediciones
La Memoria, del Centro Cultural “Pablo de la Torriente
Brau”, presentó este jueves los libros de su premio
Memoria. Entre los más solicitados por el público estuvieron
Camila
y Camila, de Mirta Yáñez, y La imaginación
contra la norma. Ocho enfoques de la república de 1902,
compilación de entrevistas de Julio César Guanche.
Contra las
usuales interpretaciones superficiales y la escasa publicación
de investigaciones serias sobre el período entre 1902
y 1958, Guanche se propuso convocar las voces de estudiosos
que hubiesen explorado diversos campos de ese período.
Es así que, con gran vocación de diálogo intergeneracional
y persistencia, surge La imaginación contra la
norma: ocho entrevistas sobre otros tantos temas
específicos, todos circunscritos al mal llamado “Período
Republicano”.
No decimos
“mal llamado” por error, como bien afirma Aurelio Alonso
en su prólogo, el término de República se ha manipulado
sistemáticamente para designar la vida política de las
seis primeras décadas del siglo XX, como si no hubiésemos
tenido cuatro constituciones antes de 1902 y –peor–
como si no estuviéramos dentro de un proceso democrático
desde 1959. Contra ese concepto, y contra la pérdida
de la memoria, llegan las conversaciones con siete conocidos
especialistas y un misterioso personaje.
Es así como
las palabras de Berta Álvarez Martens, Ricardo Luis
Hernández Otero, Delio Carreras Cuevas, Fernando Martínez
Heredia, Julio A. Carreras, Tomás Fernández Robaina
y Oscar Zanetti se suceden en un mosaico que ayuda a
componer una imagen de la República Dependiente (me
gusta esa fórmula de compromiso, la dijo Aurelio Alonso
en su presentación) mucho más compleja y llena de meandros
por investigar que la que nos presentaron en la escuela.
A lo largo de estas páginas no se echa de menos el tono
coloquial, ello impide a la aridez enseñorearse del
ámbito reflexivo, acaso se deba esto a que Guanche no
es periodista ni historiador, sino que ha llegado a
ambos oficios de manera autodidacta.
El
octavo entrevistado, según la introducción del autor,
estuvo marginado por décadas de la vida cultural por
la demencia –como Milanés–, pero con una renacida lucidez
y magnífica memoria puede hablar sobre Pablo de la Torriente
Brau, su amigo entrañable. Acaso sea la entrevista de
Juan Orlando Pérez –no, no confundir con el corresponsal
de CubaLiteraria desde Londres– la más significativa
para mí en términos personales: Pablo de la Torriente
Brau, su vida heroica, su literatura irónica y trunca,
es uno de mis íconos personales. De ese Pablo íntimo,
sencillo y consecuente con sus ideas marxistas sin perder
la capacidad para la ternura o el asombro, nos habla
este anciano detenido en el tiempo por su encierro voluntario
y que, acaso por permanecer en el pasado, no puede juzgarlo.
Es útil y justo
el diálogo que evoca y explica, es imprescindible que
los que saben nos dejen una herencia lúcida y contradictoria,
en la que nos podamos reconocer. Julio César ha puesto
su granito de arena. Enhorabuena.
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Ni con toda la tierra entera,
Isabel Parra.
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La más noble y humana
de todas las tareas, discurso de Fidel para los niños.
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La leve gracia de los desnudos,
Alberto Garrido.
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La saga del perseguido,
Guillermo Vidal.
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Los malditos se reúnen,
David Mitrani.
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Mañach o la República,
Duanel Díaz.
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Las altas horas, Teresa
Melo.
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Epifanías, Cintio
Vitier.
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Figuras, Raúl
Aguiar.
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