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El romanticismo alemán en el XIX
cubano
Por L.P.N.
Los
ecos del romanticismo alemán, de las ficciones y las
ideas de Goethe, Schiller, Heine, se empezaron a sentir
en Cuba gracias a la voluntad universalista de pensadores
como José de la Luz y Caballero, Varona y Martí, y de
ese grupo de precursores de la literatura cubana entre
los que se encuentran José María Heredia, Julián del
Casal, Juana Borrero y Francisco Sellén, según evidencia
Francisco Díaz Solar, uno de los grandes traductores
cubanos, en su libro Las letras alemanas en el
siglo XIX cubano, presentado este viernes 13,
en la Sala “José Antonio Portuondo”.
Mientras recorre
el conjunto de hechos que demuestran el interés de los
intelectuales cubanos del XIX de acercarse a las letras
germánicas, yendo más allá de las literaturas inglesa
y francesa, muy estudiadas en ese entonces en Hispanoamérica,
Díaz Solar va apuntando las diferencias entre los distintos
acercamientos a esta cultura, y la evolución del conocimiento
de una de las épocas más impresionantes de la literatura
universal. Algunos, como Luz y Caballero, prefieren
centrarse en la dimensión humana de Goethe, y reconocer
en él al arquetipo del intelectual ilustrado, capaz
de influir en el curso de las cosas desde una posición
de estadista. Otros intentan asimilar el registro del
romanticismo alemán, o llegarían incluso a escribir
las primeras lied de la literatura cubana. También se
recoge en este libro la intensa labor de promoción conducida
por Domingo del Monte o por José Martí.
Además del
espacio que se le dedica, en la primera parte del libro,
a los primeros intentos de traducción del romanticismo
alemán, y a la evolución de esta labor, poco valorada
a veces, pero indispensable a la hora de aprehender
una cultura que se expresa en otra lengua, Francisco
Díaz publica en la segunda parte de su libro, las traducciones
más importantes sobre literatura alemana que se hicieron
en el siglo XIX cubano. En esta breve antología se encuentra,
entre otros, “La novia de Corinto”, de Goethe, en la
traducción de José María Heredia, la “Mignon”, del mismo
autor alemán, firmada por Diego Vicente Tejera, “El
tejedor”, de Heine, que tradujera Martí, y una serie
de poemas debidos al empeño de Antonio y Francisco Sellén.
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