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Visitaciones a un empedernido visitante
Por Michel Encinosa
De familia
letrada —escritores, periodistas y profesores—, Otero
escribió —según afirma— sus primeros cuentos entre los
trece y los catorce años. Menciona entre sus maestros
a Hemingway, y a los gigantes de la generación del ‘98:
Azorín, Valle Inclán, los Machado, Ortega… Viajero de
la diplomacia y la cultura, sus pasos y sus obras visitan
sin reposo disímiles latitudes, realidades y ficciones.
La sola mención de sus títulos, membresías a academias
e instituciones, premios y galardones, e importantes
puestos ocupados tanto en nuestro país como en el extranjero,
nos obligaría a extender este comentario hasta límites
insospechados.
Por fortuna,
no es necesario. Basta con visitar el modesto zócalo
que le hemos reservado en nuestra CubaLiteraria.
“Nunca he
dejado de vivir dentro de Cuba”, así nos saluda. Su
vida queda estrechamente registrada en una Biografía
que siempre se antojará incompleta. La Bibliografía
—estadística seca, apresurada— es lista de títulos que
le vibran en el oído a todo buen conocedor. Fragmentos
de sus Obras narrativas y periodísticas se suceden
prestas; Manuel Rojas, Roque Dalton, Luis Rogelio Nogueras,
Oscar Hurtado y otros juntan allí sus Opiniones,
peregrinas a través de tiempos y distancias, para ofrecernos
su sentir y reflexión sobre el autor de La situación,
Pasión de Urbino, Temporada de ángeles,
Bolero…, entre otros; y el propio Lisandro
nos comunica su situación, su pasión, su temporada y
su bolero personal, a lo largo, ancho y profundo de
desenfadadas Entrevistas. La Galería nos
ofrece una historia en fotos; historia, aunque en apariencia
inmóvil, emocionada.
Queda de ustedes,
pues, visitar
al visitante.
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La
democracia en México, Pablo
González Casanova.
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Chinolope. La mirada fluida,
Lázara Castellanos.
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Heresiarcas y pontífices,
Alberto Garrandés.
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Juez y parte I (Meditraiciones),
Jesús David Curbelo.
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