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El aparente renacer a destiempo
Por Michel Encinosa
Un siglo atrás,
en Riberas de Pravia, vino a nos este señor, quien luego,
con título de odontólogo en el bolsillo y muchas palabras
que echar al viento en la cabeza, llegó a tierra cubana
y aquí echó raíces.
Periodismo,
poesía, cuento, novela, crítica literaria, libreto y
crítica de ballet, dirección teatral. Este espíritu
del Renacimiento a destiempo —sólo en apariencias, pues
todo renacer es constante—, recorrió a paso firme los
escalones de la profesión y el oficio —la de la salud,
el de la cultura—, y transportó las ideas de la naciente
nueva Cuba a Portugal, la UNESCO y la Santa Sede.
Entre sus obras,
destacan Norte (poemas), Madrid, 1928;
Ocho días en Leningrado, Editorial
Plutarco, Madrid, 1932; Poema desesperado (a
la muerte de Federico García Lorca), San Cristóbal
de La Habana, 1937; Un pueblo y dos agonías,
Grijalbo, México, D.F., 1955; Doña Velorio;
nueve cuentos y una nivola, La Habana, 1960;
Ciudad Rebelde, Nueva Terra, Barcelona,
1967; y Tardío Nápoles, UNEAC, La Habana,
1977.
“Yo no
sé nada”, afirma en un verso Luis
Amado Blanco, al recibirnos desde este, su sitio
web. No le escuchéis —no literalmente, al menos. Imposible
no saber, y al tiempo producir vida tan intensa como
la descrita en su Semblanza, o escribir tan sin riendas
como lo demuestra su Bibliografía. Amplios fragmentos
de su Obra —poesía, cuento, novela y artículos— colman
nuestras páginas, y su Galería de fotos es por sí sola
discurso revelador de su andar por estos caminos de
la palabra, estos caminos del hombre.
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La
democracia en México, Pablo
González Casanova.
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Chinolope. La mirada fluida,
Lázara Castellanos.
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Heresiarcas y pontífices,
Alberto Garrandés.
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Juez y parte I (Meditraiciones),
Jesús David Curbelo.
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