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Asómense a sus balcones, La
Cabaña se ve desde Madrid
Por Yasmín S. Portales Machado
Fotos: Rogelio M. Díaz Moreno
"Arribamos
a este comienzo de final con cifras que pueden ser motivo
de satisfacción." Con estas palabras comenzó
su informe María Mederos, Presidenta de la Cámara
del Libro; el espacio era la sala "Nicolás
Guillén" del Castillo San Carlos de La Cabaña,
la ocasión, la ceremonia de clausura de la primera
etapa de la Feria Internacional del Libro de La Habana.
La actividad se llevó a cabo bajo un cielo encapotado,
pero eso no frenó los corazones de los que organizan
este evento, que ya cierra sus puertas en la sede central
para extenderse, como una fiebre, por toda la isla.
Como la Feria
continúa en el Pabellón Cuba de la capital
y en el resto del país, se deduce que las cifras
presentadas en las declaraciones de esta tarde no son
definitivas, pero sí impresionantes. Según
la Cámara del Libro, hubo 96 expositores (57
cubanos y 39 extranjeros) que representaron a unas 250
editoriales interesadas en el mercado del libro cubano.
Estas casas publicitarias y distribuidoras llegaron
desde 22 países distintos.
Cada año
un jurado, integrado por representantes de la Cámara
y del Comité Organizador, otorga premios al diseño
de las diversas áreas expositivas. En la categoría
de Mejor Stand Nacional
se entregaron tres reconocimientos a: Producciones “Abdala”,
la Asociación “Hermanos Saíz”
y Ediciones Boloña. El diploma por Mejor Stand
Extranjero también se entregó por triplicado
a: Alemania, Los libros más pequeños del
mundo y Radom-House Mondadori. Los espacios más
originales fueron: Ediciones La Jiribilla, Ediciones
Vigía, y Gente Nueva. El jurado otorgó
un Premio Especial al Pabellón Infantil.
Tras
la intervención de la representante de la Cámara,
ocupó el estrado Reinhard Thicle, coordinador
de la asociación Cuba Sí. Thicle, que
se mostró muy emocionado por las experiencias
acumuladas en los últimos días, calificó
estas jornadas de difíciles e inolvidables. A
pesar de la oposición del gobierno federal alemán
-declaró- nunca antes la participación
germana fue mayor. Todas las casa editoriales alemanas
asistentes, que trajeron unos dos mil libros, donarán
sus muestras a las bibliotecas de Cuba. Nuestra delegación
regresa a Alemania con magníficas impresiones,
porque lo que hemos vivido aquí en atenciones,
dedicación, conversaciones comerciales e interés
de los visitantes, sobrepasa todas las expectativas.
Aquí descubrimos a la Feria del Libro como una
fiesta de la literatura y del arte para todo el pueblo,
lo cual nos deja estupefactos.
A
continuación tomó la palabra el politólogo
alemán Heinz Dieterich quien hizo sus declaraciones
a nombre de los escritores participantes. No es noticia
que este pensador, asentado en México desde hace
varios años, posee un profundo sentido de la
ironía, por lo que dio las gracias a los funcionarios
del gobierno alemán, en especial al Canciller
Oscar Fisher. Sin ese empujoncito que nos dieron los
burócratas del gobierno federal, este éxito,
que todos compartimos ahora, acaso no habría
alcanzado esta dimensión. En opinión del
autor de América Latina frente al
Tercer Orden Mundial, la torpeza política
de Fisher despertó en muchos la conciencia de
resistir. No creo que tengamos el poder para cambiar
la política de los que mantienen el boicot -Fisher,
el gobierno español y el norteamericano-, pero
hemos descubierto nuevos sectores de resistencia en
Alemania, aparecieron muchos de los veteranos de la
RDA. Ellos no estaban activamente integrados en la solidaridad
con Cuba y dijeron "es hora de volver a la lucha".
Todos estos descubrimientos y logros son méritos
que se oponen a la lista de los reaccionarios y serviles
del gobierno federal. Aquellos que conocen las monstruosidades
mercantiles de las ferias del libro en el resto del
mundo, saben que en ninguna se siente un espíritu
como el de La Habana. Esta Feria ha sido un triunfo
táctico frente a la derecha, y debemos construir
sobre ese triunfo la continuidad de la fuerza espiritual
con la cual derrotaremos a los autores del boicot.
El presidente
del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez,
se concentró en exponer los logros que se han
registrado, hasta el momento, en materia de participación
en este evento. Realmente los números impresionan
por su crecimiento frente al año anterior: hasta
el mediodía de este domingo hubo 452 190 visitantes
-43 266 más que en 2003- , la venta de libros
alcanzó el millón de ejemplares -sin contabilizar
los diversos stands y puestos al aire libre-, unos 542
títulos de editoriales cubanas y extranjeras
se presentaron en estos días, los encuentros
teóricos y debates convocaron a una gran cantidad
de intelectuales de Europa y América. Todos estos
espacios reafirman a La Habana como plaza para el pensamiento
crítico, alternativo, renovador y enfrentado
a los desafíos del mundo actual. Eso permitió
que, a despecho del boicot cultural de la Unión
Europea, llegaran a Cuba 165 figuras del mundo intelectual
-más de 80 alemanes. El Presidente recordó
que los escritores, editores, intelectuales y lectores
cubanos son los mayores protagonistas de este evento,
sin ellos y la voluntad de nuestras instituciones culturales,
no se podría disfrutar de la Feria en La Habana
y en otras 33 ciudades de Cuba.
El
último anuncio oficial fue que la XIV edición
de la Feria, correspondiente al 2005, estará
dedicada a los Premios Nacionales de Literatura Jesús
Orta Ruiz y Abelardo Estorino, mientras que el País
Invitado de Honor será la República Federativa
de Brasil.
Las palabras
de cierre de la ceremonia estuvieron a cargo de Ricardo
Alarcón de Quesada, Presidente de la Asamblea
Nacional del Poder Popular de Cuba, que participara
en varios eventos de la Feria. En un gesto de modestia,
Alarcón se tituló portavoz de los miles
de cubanos que han disfrutado de esta gran fiesta de
la cultura, acontecimiento editorial que devino en los
últimos tiempos verdadero fenómeno social,
cuya dimensión no se alcanza a definir aún.
Felicitó a los organizadores y trabajadores por
cada aspecto del evento. La Feria va más allá
de lo que -usualmente- se entiende por cultura, son
los niños con papalotes en los jardines del castillo,
las familias que pasan la tarde fuera de la ciudad,
a la sombra de los muros. Gracias a la Feria se emplea
el tiempo libre de modo más noble. Agradeció
a los creadores cubanos -editores, escritores, ilustradores-
sin cuya presencia la Feria carecería de relación
con el movimiento cultural cubano; también agradeció
a los intelectuales de otros países, en especial
a los miembros de las delegaciones alemana, española
y norteamericana, por el acoso de sus gobiernos. Ya
el Castillo de San Carlos de La Cabaña no es
expresión del poder colonial español,
sino el escenario donde un pueblo libre y culto se encuentra
para saludar a poetas, filósofos, narradores
o para disfrutar de las bellezas de la ciudad. Así
también se expresa la independencia de este pueblo.
El Presidente
de la Asamblea Nacional de Cuba cerró su intervención
con una interesante equivalencia entre el origen del
conjunto arquitectónico que alberga a la Feria
-se construyó entre 1764 y 1776- y su presente:
Cuenta la leyenda
que el rey Carlos III, al saber del costo final de la
construcción de este fuerte, se asomó
a las ventanas de su palacio en Madrid y escrutó
el horizonte. "¿Qué busca su Majestad?"
-inquirieron los cortesanos. "El castillo de La
Cabaña, en La Habana, ya que me ha costado tanto,
debe verse desde acá" -dijo el soberano.
Ahora, desde esta Cabaña -señaló
Alarcón- yo enviaría una noticia para
las cabezas coronadas, o las que pretendan coronarse
en Europa: Asómense a sus balcones, porque la
luz que irradiará La Cabaña ahora sí
se podrá ver en Madrid, en Bonn y en todas partes,
gracias al esfuerzo de los cubanos, que además,
nos comprometemos a que esa luz ilumine siempre, no
solo los destinos de este pueblo, sino que sea guía
de otros, y quizás, lamentablemente, envidia
de unos pocos.
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Los negocios del señor
Julio César, Bertolt Brecht. -
Un saludo a Fidel, Arturo
Limón. -
Cartas Celestes, Mildre
Hernández. -
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Pasajera la lluvia, Lourdes
Henández. -
Cuba, má allá
de los sueños, Silvia Martínez Puentes. -
Cementerio de elefantes,
Juan Siam. -
El niño y la luna,
Rafaela Chacón Nardi. -
A la sombra de un ala,
Ramón Feria. |
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