XIII Feria Internacional del Libro de La Habana



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El espíritu martiano también preside la Feria del Libro

Por Jaime Mejía Duque

En la cultura cubana actual, Martí es el referente absoluto; el eje ético, político y doctrinario desde el cual esta cultura se reconoce a sí misma; el nervio de la identidad cubana. En este sentido constituye un fenómeno nacional difícilmente comparable.

Jaime Mejía Duque y Edel MoralesPues bien: este espíritu martiano también preside la Feria Internacional del Libro y los demás eventos análogos que con regularidad se celebran en toda Cuba. Se trata en realidad de la pasión por la lectura y el saber como actividades fundamentalmente humanas. Es aquel anhelo de totalidad que irradia de modo paradigmático del Libro de Oro y presta su tonalidad y su estilo a toda la obra martiana. Esta poderosa vocación de humanidad, heredada y acrecentada sin duda por la Revolución, ha generado la avasalladora popularidad de la lectura en Cuba. La eclosión ferial del libro se produce, por supuesto, en las diversas provincias del país. En esa fiesta de la cultura y de la unidad nacional –de la que dan testimonio los visitantes extranjeros-, los trabajadores de la literatura y las artes renuevan además su contacto con esa niñez y esa juventud que cada año acuden a los puestos de exhibición y venta, a los espectáculos y conferencias, conversatorios, exposiciones y conciertos. Respecto de la población total de Cuba estas masas de lectores, oyentes y público activo en general, son enormes.

Todo ello es lo que en nuestras latitudes tropicales ha logrado crear una Revolución inspirada primordialmente por los postulados y el ejemplo de Martí. Desde sus inicios, la Feria del libro en Cuba sigue estando muy lejos de un simple episodio cíclico de mercado cultural, puesto que es el acontecimiento entusiasta de un estado y un pueblo que marchan unidos en la construcción de la nueva cultura. Es entonces cuando los intelectuales y artistas de Cuba saben para quién trabajan. Ciertos voceros de un periodismo prevenido, no menos que los próceres de algún intelectualismo despistado, responderán torciendo el gesto: “trabajan para el gobierno”, por el hecho de que en efecto dentro del proyecto colectivista es el estado quien asume la responsabilidad económica respecto de la producción cultural en su conjunto. A aquellos no se les ocurre preguntarse acerca de lo que podría hacer cualquier gobierno con la cultura, sin el pueblo que la sustenta y la disfruta. La verdad, en Cuba, es que los trabajadores culturales piensan, crean y publican y exhiben para los niños y sus familias, para los jóvenes y los adultos, para la ciudad y el campo, para el presente y el porvenir, gracias a la diligencia y el compromiso de un estado cuya doctrina y cuya razón de ser es la formación integral del ciudadano. Por lo demás, no sabemos si la propia humanidad, como contexto de época, responderá a este llamado y a este ejemplo. Porque la codicia y los antagonismos más feroces no cesan de degradarlo todo. La cultura como factor de dignidad y crecimiento prospera en Cuba. Su bandera no la sostiene sólo un hombre, ni un grupo dirigente. La enarbolan un estado y un pueblo; toda una sociedad amenazada por fuerzas regresivas que todavía pueden conducirnos al verdadero fin de la Historia, que sería el aniquilamiento, el holocausto, el Apocalipsis

El acontecer ferial del libro en Cuba es, sin embargo, la afirmación de la vida en y por la cultura. Y afirmación también, sin duda, de la voluntad y el espíritu de una Revolución que ha proclamado desde el principio, y sostenido sin desfallecer, la validez y la supervivencia de las ideas: que en esto también es Martí el precursor. Asociar su nombre su obra, su magisterio, con esta pasión nacional por la lectura y el debate, es apenas obvio. Y lo es hasta el punto de que quien escriba cada vez la crónica informativa de la Feria no podrá pasar en silencio esa presencia. Pues ella es por sí sola postulado y garantía, esperanza y trabajo, identidad de una cultura en vigoroso devenir.

MeridianaNadie vuelve atrásNunca preguntes por la gloriaAngusola y los cuchillos y otros cuentos
  • Los negocios del señor Julio César, Bertolt Brecht.
  • Un saludo a Fidel, Arturo Limón.
  • Cartas Celestes, Mildre Hernández.
  • Pasajera la lluvia, Lourdes Henández.
  • Cuba, má allá de los sueños, Silvia Martínez Puentes.
  • Cementerio de elefantes, Juan Siam.
  • El niño y la luna, Rafaela Chacón Nardi.
  • A la sombra de un ala, Ramón Feria.



En esta edición
la feria está dedicada a

Carilda Oliver Labra

Carilda Oliver Labra


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