|
Cartas, vuelos y otras invenciones
Por Mercedes Melo Pereira
Amaneció
soleado, pero luego se nubló. A las diez y media
de la mañana lloviznaba. A la Sala Alejo Carpentier
de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña entran
los niños acompañados de sus padres, entran
los editores de Abril y las libreras. Llega una muchacha
delgada que trae colgada del hombro una vieja mochila
de cartero. Deja su escoba tras la puerta, se sienta
en una silla colocada frente a esa mesa que ponen allí
para que se sienten los escritores que presentan sus
libros. Busca en la mochila y saca una cajuela con un
extraño letrero: “buzón”.
Coloca la mochila en el suelo, a su derecha y el buzón
a su izquierda. Alguien va a preguntar por aquella escoba
pero después nota que en el rincón junto
a la puerta se amontonan muchas escobas, diez o doce
tal vez. O trece. En la sala, solas o acompañadas
de niños bulliciosos, están sentadas las
distraídas dueñas de las escobas: señoras
elegantes, dulces abuelitas, madres jóvenes y
atareadas, colegialas adolescentes, jóvenes estudiantes
de preuniversitario que aprovechan el pase de la beca
para visitar la feria. Todas dejaron allí sus
escobas. La joven de la mochila revisa absorta el contenido
del buzón: cartas, telegramas, noticias enviadas
desde quién sabe dónde, dirigidas a quién
sabe quién.
Yo me inquieto:
¿qué hace aquí esta joven cartera,
sentada en medio de una sala de presentaciones en vez
de estar haciendo su trabajo allá en la calle?
¿Es que un cartero puede abrir así las
cartas, delante de todos, sin que nadie ni siquiera
le llame la atención?
Porque la
joven de la mochila -alguien se sienta junto a ella
y la presenta: se llama Mildre-, está abriendo
los sobres: clasifica de alguna manera aquellas cartas,
pone aparte los telegramas, las invitaciones de boda…
Los ha reunido
en dos grupos: Cartas celestes
y Noticias de brujas.
He preguntado
qué sucede con aquellos mensajes, quién
es la joven del buzón. Una señora que
acaba de parquear su escoba en la esquina junto a la
puerta hace sonar sus dedos en el aire y aparece en
su mano un papel. Dice así:
Mildre Hernández
Barrios nació en Jatibonico en 1972. Nunca ha
trabajado como cartera pero tiene un misterioso buzón
junto a la puerta del patio trasero de su casa. Allí
depositan oscuros mensajes, después del atardecer
y hasta la alta madrugada, misteriosas señoras
vestidas de oscuro, con altos sombreros cubriendo sus
largos y greñudos cabellos. Es narradora y poeta.
Ha dedicado toda su obra a escribir para los niños
y jóvenes. A veces, a la salida de la escuela,
las niñas y adolescentes van a casa de Mildre,
entran por el patio trasero, dejan un papelito en el
buzón y salen corriendo, no sea que llegue adelantada
alguna de las señoras de la noche. El libro de
poesía Vuela una sombra,
publicado en el 2000, recibió el premio Eliseo
Diego en 1997. Algunas vecinas han comentado, a propósito
que a partir del anochecer más de una sombra
vuela cerca de la casa de Mildre. En el año 2000
publicó otro cuaderno de poesía: Despertar.
Ese mismo año apareció su libro de cuentos
Cuentos para dormir un elefante,
premio Pinos Nuevos de 1999 y el año pasado,
la novela Memorias de un sombrero.
A su obra teatral "¿Y la reina donde está?"
le fueron otorgados la Beca de Creación Ciudad
del Che en el 2000 y el Premio Mercedes Matamoros en
el 2003.
Al final
de la presentación, las brujas recogieron sus
escobas, se montaron en ellas, ataron sus hijos a los
pequeños asientos adosados al palo y salieron
volando sobre las almenas de la Fortaleza de San Carlos
de la Cabaña. Mildre recogió sus papeles,
guardó el buzón en la vieja mochila de
cartero y se remontó en su propia escoba hacia
lo alto del cielo. En la mano llevaba un papel que,
al parecer, se le resbaló de entre los dedos
porque lo vi caer a mis pies. El texto era corto, una
dirección. Cefeidas.
Ahora, después
de toda esta confusión, voy a ver donde pusieron
mi escoba.
|
-
Los negocios del señor
Julio César, Bertolt Brecht. -
Un saludo a Fidel, Arturo
Limón. -
Cartas Celestes, Mildre
Hernández. -
-
Pasajera la lluvia, Lourdes
Henández. -
Cuba, má allá
de los sueños, Silvia Martínez Puentes. -
Cementerio de elefantes,
Juan Siam. -
El niño y la luna,
Rafaela Chacón Nardi. -
A la sombra de un ala,
Ramón Feria. |
|