La Feria del Libro a la vuelta de la esquina
Por Yuris Nórido
Grandes
sorpresas, lo que se dice grandes, este año no habrá. A la Feria
Internacional del Libro de Cuba le va siendo algo difícil sorprender
cada febrero. Las cifras del año pasado fueron impresionantes: 4 millones
738 mil ejemplares puestos a disposición de 3 millones 761 mil visitantes.
Pero la gente se ha acostumbrado a esperar cada vez más. Este año
la cantidad de ejemplares aumenta a cinco millones –casi un libro por
cada dos cubanos, haciendo un cálculo algo superficial. Y otra ciudad,
Sandino, se suma a la lista de las 34 que ya son sede de la cita.
"Pero lo importante no es la masividad por la masividad, la frialdad de
las cifras –asegura Edel Morales, escritor, vicepresidente del Instituto
Cubano del Libro y del Comité Organizador de la Feria. Nos interesa que
la mayor cantidad posible de cubanos participe, pero sin perder la alta calidad
literaria y artística de nuestras propuestas".
LIBROS, LIBROS Y MÁS LIBROS
El problema de muchas empresas editoriales del mundo es tratar de vender todo
lo que publican, cosa difícil. "El nuestro es que no logramos satisfacer
del todo la demanda, por más que publiquemos". Según Morales,
uno de los desafíos de la Feria, y del sistema editorial cubano, es garantizar
cada vez más la diversidad y calidad de los libros. "Siempre hay
gente que se queda con las ganas, en todas las ciudades sedes".
Hay un punto polémico: algunos se quejan de que muchos de los libros
que se presentan en la capital no llegan después a las restantes sedes.
"Eso es cierto solo en parte; hay títulos que las editoriales extranjeras
exponen y venden solo en La Cabaña, pero la mayoría de los libros,
los publicados por las editoriales cubanas, que se venden en moneda nacional,
llegan a todas partes por igual".
La consistencia y riqueza de los programas artístico, literario y profesional,
según Morales, tampoco deben ser solo del disfrute de la sede principal.
La Feria tiene que ser, en cada uno de sus escenarios, una fiesta multicultural.
UNA FERIA PARA EL LECTOR
Cuando buena parte de las ferias del libro en el mundo son básicamente
espacios de negocios, la de Cuba apuesta primero por el lector. "Nos distingue
la gran afluencia de público y también el intercambio estrecho
entre autores y lectores".
Pero no se puede ignorar la trascendencia internacional de la cita: "Nos
hemos convertido en un puente entre América Latina y Europa. También
somos un reconocido espacio de legitimación cultural para muchos participantes
extranjeros, que acuden entusiastas a pesar de que quizás no tengan los
beneficios económicos que logran en otras ferias".
Y cada año se consolida también como escenario alternativo de
debate, punto de encuentro y discusión de prestigiosos intelectuales
de izquierda.
LA FERIA SOÑADA
Hay gobiernos y entidades extranjeras que no acaban de entender la repercusión
de la Feria en la cultura latinoamericana: "Han limitado de cierta forma
la presencia de autores e instituciones".
Es una situación que incide también negativamente en las posibilidades
de inserción de la literatura cubana en el mercado mundial.
"Y hay desafíos por delante –añade Morales. Tenemos
que estudiar más las necesidades de nuestros lectores, hacer más
práctica y enriquecedora la comunicación entre autores y público,
seguir perfeccionando la organización en las sedes, y la conformación
de los programas".
¿Y en lo personal? ¿Cuál es la Feria soñada por
Edel Morales?
"Esta se parece en muchos aspectos. Quizás tendría que tener
un programa de presentaciones menos masivo. Ser más selectivos, más
exquisitos… Pero, sobre todo, me gustaría una Feria que pudiera
disfrutar como lector, y no con las angustias del organizador". La Feria
es una fiesta demasiado tentadora.
Tomado de Trabajadores
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