Abelardo Estorino: vivir
para las tablas
Por Yaima Rodríguez Turiño, estudiante de Periodismo
En
una casa vieja y despintada, llena de cuadros de su amigo Raúl Martínez,
vive Abelardo Estorino, entre todos los objetos antiguos medio derruidos que
conforman su entorno familiar.
Estorino rejuvenece sus 79 años con su desenfadada manera de vestir,
su risa espontánea y ese don de hilvanar las ideas con coherencia, sin
faltarle un recuerdo, una meditación, una certeza.
Es usted el primer teatrista al que se le dedica una Feria del Libro
en Cuba...
Es un homenaje que no puedo rechazar. Y aunque sé que será muy
bonito, estaré muy tímido. Los actores cuando salen al escenario
no deben sentir pena ante su público, pero a mí no me gusta estar
en los primeros planos.
¿Y qué sucederá por esos días con Abelardo
Estorino?
Primeramente, voy a estar en Matanzas. Allí se hará un homenaje
de tres o cuatro días, en que vamos a presentar, en algunos teatros,
la obra Morir del cuento y se harán lanzamientos de libros míos
como La dolorosa historia. Para cuando empiece la
Feria, sobre el 3 de febrero, tengo planificada una mesa redonda y las personas
podrán acceder a Teatro Completo y Teatro
Escogido, así como a algunas comedias. Habrá otros
libros sobre mi obra, escritos por varios autores.
En su vida hay caminos que no continuaron: la Odontología y
el dibujo publicitario. El dibujo se entiende, ¡pero estomatólogo!
La Odontología solo me hubiera posibilitado ganar dinero. Nunca sentí
esa afición especial por ella. Como se dice por ahí, me gradué
y colgué el título. La ejercí un tiempo, pero no era lo
que quería.
El dibujo publicitario es otra cosa, pues es una posibilidad que tengo de ver
la pintura. Además, me ayuda a escribir el teatro. A veces hasta hago
dibujos para las obras. Cualquier artista debe tratar de conocer bien las otras
artes.
¿Satisfecho?
He conseguido lo que quería hacer. Mis obras se han publicado y se
han puesto en escena en diferentes oportunidades, no solo en Cuba, sino también
en otros lugares del mundo. Puedo decir que me siento satisfecho.
¿Y cómo ve al teatro cubano actual?
Me parece que están tratando de estar muy al día y eso hace
que no se vean los autores intelectuales. Si solo se representa un tipo de obra,
se empequeñece la cultura teatral del país. Sería formidable
ampliar más los horizontes, ser más universales.
¿Escribe usted pensando en los actores? ¿Por qué
siempre trabaja con pocos personajes?
No escribo para actores en especial, porque ello significaría colocarme
una camisa de fuerza. Me quedaría atado. Creo el personaje, y la actriz
y el actor tienen después que interpretarlo. Por otra parte, he reducido
el número de roles, porque pienso que de ese modo la obra gana en calidad.
Sus propuestas son bien recibidas por el público y respaldadas
por la crítica. ¿Qué le falta a Abelardo Estorino?
¿Sabes? Me gustaría estar seguro completamente de que mis obras
son lo que el público dice. Es como una duda eterna, uno nunca sabe cuán
real pueda ser un elogio. Por lo demás, me siento complacido.
Usted dijo hace unos años que quería vivir hasta el 2000
para ver qué cosas habían cambiado. Y hemos llegado al 2005. ¿Qué
transformaciones ha visto hasta la fecha?
El 2000 me parecía muy remoto y mira, ya tengo casi 80 años.
Te voy a hablar de mis cambios: me siento más maduro, más dispuesto
a escribir. He aprendido mucho. A veces, cojo mis primeras obras y quisiera
perfeccionarlas, sobre todo esa estructura inocente que tienen. Ahora creo que
sería capaz de perfeccionarme más, aunque no alcance ese límite
ideal. De todas maneras, me gustaría vivir hasta el 2010.
¿Y el mundo?, ¿qué percepción tiene de
él?
Como una locura, no sé si el hombre podrá cambiar la violencia.
Me deprime todo esto que sucede en Iraq y en estos países que han sido
invadidos por la guerra. Todo esto es terrible. No puedo creer que el hombre
haya llegado a tal punto de insensatez en los últimos tiempos. Por ello,
hay que esforzarse para caminar a favor de las cosas buenas.
¿Y por qué ya no escribe?
Es verdad que no lo hago. Últimamente me he dedicado más a dirigir,
porque para escribir necesito estar solo, concentrarme en mis historias. Y eso,
a mi edad, no es lo que busco. Ahora me propongo estar siempre acompañado.
Cuando estoy dirigiendo me rodeo de muchas personas, lo cual me hace sentir
con vida.
Tomado de Juventud
Rebelde
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