Armado en la lucha por
la justicia
Por Yasmín S. Portales Machado
Fotos: Andrés Barca
En
esa época no era ministro, hablamos del siglo pasado,
en 1991, cuando tenían lugar las negociaciones para sacar
al Apartheid de Sudáfrica. Por esos días diversos luchadores
por la justicia y la igualdad regresaron a su patria y
fueron aclamados, pero Ronnie Kasrilrs no estuvo entre
ellos. Su nombre siguió acompañado de la definición "Armado
y Peligroso", como la policía lo definiera treinta años
antes. Fue un período extraño para Ronnie, relevado de
sus labores en la sombra, pues el régimen estaba rendido,
pero imposibilitado de regresar a la vida pública.
Pasó alrededor de un año así, sentado ante una computadora,
recordando, reflexionando sobre las razones que lo llevaran
a las filas de Partido Comunista de Sudáfrica y luego
a la lucha armada, por lo que desde 1960 se vio forzado
a vivir en la clandestinidad.
Es una vida novelesca la de este hombre, dirían muchos,
pero Ronnie no presume de ello. Vivió en un largo peregrinar
por los países del campo socialista, en gestiones de apoyo
a la lucha, y en el combate directo en su propio país,
también prestando ayuda a los movimientos de liberación
nacional de Tanzania y Angola. No era fácil estar lejos
de su familia y los amigos, pero, como él mismo explica,
su compromiso político le permitió asumir este modo de
vida.
Su
esposa y él pasaron unos catorce años separados, y no
por elección personal. Fueron compañeros de guerrilla,
primero, en su patria, y agentes de apoyo y reclutamiento
en Europa. Pero estos períodos fueron breves, porque Ronnie
marchó a la guerra en África y ella debió quedarse en
el Viejo Continente, con sus propias labores. De modo
que entre 1977 y 1989 se vieron unas dos veces al año,
unas semanas cada vez. El reencuentro definitivo sería
en 1992, cuando sus vidas recuperaron -¿o al fin alcanzaron?-
el ritmo de los comunes mortales. Ahora van a todos lados
juntos.
Al oírlo, supongo que también al leerlo, uno siente que
las visiones usuales sobre Sudáfrica se derrumban. Kasrilrs
es blanco, descendiente de eurorientales que llegaron
al Continente Negro a fines del siglo XIX. Pero su familia
lo educó en el respeto y la defensa de los derechos de
los seres humanos, sin hacer otras distinciones. Interrogado
al respecto recordó una anécdota: "Una vez, conversando
con Mandela, él me dijo que yo sería blanco por fuera,
pero que en mi interior soy un verdadero africano". Uno
puede reír ante tal inversión de los términos, pero la
enseñanza es clara: no se trata del color de la piel,
ni de la religión, ni del origen geográfico. Lo verdadero,
lo definitivo, es la calidad del ser humano, y su voluntad
para que otros seres humanos tengan una vida mejor.
El Partido Comunista Sudafricano y el Congreso Nacional
Africano tiene en sus filas a muchos militantes como yo,
afirma, personas de la raza blanca, beneficiadas en el
Apartheid, que se rebelaron ante la injusticia y se incorporaron
a la lucha por la igualdad y la justicia para todos los
ciudadanos de nuestro gran país. Su
libro tuvo buena aceptación nacional, pues se carece aún
de una memoria exhaustiva sobre esos años. La primera
edición salió en 1993, y sus experiencias como ministro
se reflejaron en varios capítulos adicionales, incorporados
en la reedición de 1998. De allí viene la traducción que
sale a la luz en Cuba, bajo el sello Ciencias Sociales,
para acercar a los lectores de la lengua española a la
lucha de los sudafricanos por la democracia y la dignidad
social. Armados y Peligrosos también apareció
en alemán, gracias a los auspicios de una editorial berlinesa.
De todo eso, de las razones para tomar un arma, de lo
peligroso que era el Apartheid para las personas dignas
de Sudáfrica, de lo complejo de reconstruir un país, trata
su libro. También de los muchos héroes anónimos, algunos
muertos, que fueron sus hermanos de lucha, personas de
todos los colores y un ideal. |