|
En la línea sur
Edel Morales
En la línea sur, frontera tierra adentro, vuela el colibrí. / Aletea en el
límite, un día de septiembre, mientras se pone el sol. / Detenido en el aire,
al borde de la cerca, aletea. / Donde lo real invade su jardín. La calle el
patio. Aletea el colibrí. / Una tarde de diciembre. Se mueve al oeste. Aletea
y reconoce. / Pico al norte, duro al norte, pico afinado y duro. Aletea. /
Va marcando sus días, va enseñando su magia, va mostrándose fuerte. / Hacia
la tardenoche de febrero que llega para abrirse. / Hacia el invierno
en su borde profundo y después la primavera. / Humanidad en vuelo. / Hacia
el momento de hacerse muchos, de ser mejores. Aletea el colibrí. / Humanidad
que cubre la calle, que encuentra un país, que vuelve al jardín. / Y canta.
Ha volado el colibrí, en este patio, de enero a julio. Y de julio a enero
mostró su vuelo natural, su nido de huracanes, su paz igual y culta. Hemos
visto en su aleteo la voz fecundante de Martí, la mano dulce de María Mercedes,
el rostro persistente de Federico. Hemos sembrado una flor y otro sueño para
que amanezca una mañana el jardín florecido. Para que vuele el colibrí su
vuelo de esperanza. Y haya sido por fin bendecida está obra que hace humanidad,
esta labor de tantos desde áreas diferentes. Andaluces y cubanos, con mérito
mayor.
Mérito de quien sostuvo viva la memoria. De quien imaginó una casa abierta
para todos. De quien acarreó recursos necesarios. De quien allanó el camino
a la cooperación. De quien repensó los espacios y adecuó sus funciones y nos
devolvió una esquina iluminada. De quien puso sus manos en la arena y el cemento
y el agua. De quien cortó y clavó. De quien instaló modernos sistemas tecnológicos.
De quien restauró muebles y recobró el esplendor antiguo de mármoles y abanicos.
De quien llevó libros a estantes y vitrinas. De quien ordena y promueve la
vitalidad de sus servicios y de sus actos públicos. Mérito repartido, mérito
fusionado, mérito social, por eso mérito mayor.
El Centro Cultural Dulce María Loynaz que se inaugura hoy en esta mítica
casa, contiene en si dos instituciones de distinta naturaleza: la Academia
Cubana de la Lengua y el Centro Nacional de Promoción Literaria. Desde ambas
se trabajará para su proyección pública. Será un espacio compartido, un lugar
para estar y hacer desde sitios diversos aunque no distantes, abierto a la
colaboración institucional y a las aportaciones individuales de lo mejor del
movimiento intelectual. Cumplirá la función evidente de ser recinto para la
memoria de Dulce María Loynaz y lo que ella significa para la lengua y las
letras cubanas e hispanas, pero será también un ámbito de homenaje a otros
grandes poetas, narradores, pensadores. Y un lugar vivísimo, que sea referencia
de vida cultural y lata con el ritmo de la creación contemporánea. Convocará
premios, organizará eventos, cursos y conferencias, promoverá lecturas, facilitará
presentaciones de libros, permitirá la interrelación de la literatura con
otras artes, prestará servicios de biblioteca y consultas en medios digitales.
Será por ello, casa amena y útil para escritores, investigadores, críticos,
periodistas, profesores, editores, diseñadores, promotores, libreros y lectores
de esta comunidad de El Vedado, de la Ciudad de La Habana, de otras regiones
de Cuba, y de nuestras tierras iberoamericanas. Plaza de diálogo y encuentro
de las emociones y saberes de todo el que pueda aportar y aprender del otro,
sin que se exija por ello renunciar a los propios valores. Un sitio con vocación
de entrega y servicio. De solidaridad con todos y para el bien de todos.
En ese espíritu se construyó este Centro, con ese ánimo trabajaron obreros
y directivos, especialistas directamente vinculados al proyecto y colaboradores
de las distintas esferas necesarias para que se concretase en resultado. En
Cuba y en Andalucía. A todos y a cada uno agradecemos sus aportes. Por todos
y por cada uno estamos obligados a hacer lo mejor que seamos capaces de hacer.
Y eso haremos, mientras vuele el colibrí.
Muchas gracias
|