| El incesto en Estorino: Parece blanca y Vagos rumores
Por Leidy Vidal García
Parece blanca y Vagos rumores hacen su aparición en la segunda parte de los años 90; una época muy convulsa en que se llega al fin de un milenio y el inicio de otro, lo cual trae como consecuencia un afianzamiento de la búsqueda postmoderna en torno al origen. Estorino siempre se ha destacado por su persistente indagación en los mitos, universales y/o vernáculos, que han conformado nuestra cultura y la propia cultura occidental. Por ello, el uso del tema de incesto en algunas de sus obras podría obedecer principalmente a estas dos causas: inserción en la postmodernidad y análisis-actualización de mitos de la literatura y la cultura misma, incluyendo al propio teatro cubano. 1) Parece blanca: política, psicoanálisis, mitos. Relectura actual de una novela del siglo XIX
En el prólogo a su novela Sofía, Martín Morúa Delgado acusa a Villaverde de que sólo su capricho pudo hacer que en Cecilia Valdés la protagonista no haya descubierto que Cándido Gamboa era su padre, y plantea que es ilógico que Chepilla o éste no contaran a la muchacha que Leonardo era su hermano. Tal parece que a Abelardo Estorino en Parece blanca (versión infiel de una novela sobre infidelidades) (1) lo mueve la misma crítica u opinión. Desde el comienzo se hace evidente:
Rosa: (...) abre el libro.
Cándido: ¿Ahora?
Rosa: Sí. Tiene que haber una explicación para tanta pena.
Cándido: Simplemente no tiene sentido.
Rosa: Algún lector descubrirá la clave, develará el misterio. Hay que leer la novela otra vez. (2)
Toda la obra es recorrida por ese disgusto de los personajes ante un destino trágico que no pueden cambiar, por estar subyugados al poder de un dios creador que no les deja salidas: el autor. Quizá por ello Estorino insiste en poner luz sobre el particular y dar por sentado que los personajes interesados sí conocen la situación: Cecilia y Leonardo.
Leonardo: ¿Casarnos? ¡Qué sacrilegio! Todo el mundo lo comenta. Somos hermanos, dicen.
Cecilia: ¿Y tú lo crees?
Leonardo: De mi padre creo cualquier cosa.
(...)
Leonardo: Te pareces a mi hermana Adela. (La mira detenidamente) Ese hoyito en la barbilla es idéntico. (Se lo besa) ¿Y ese color de los ojos?... ¿Cómo puede haber dos mujeres en el mundo con ese color en los ojos (...) (3)
Nuestro autor hace notar la importancia del tema del incesto en la novela de Villaverde, subestimado normalmente por los investigadores y por los mismos lectores. Sí, Leonardo y Cecilia tenían que ser, necesariamente, hermanos; dos afluentes de la cubanía que se funden en el concepto de nación. La circunstancia dramática del parentesco trasciende y se convierte en una caracterización histórica: ¿Quién es el culpable del "abismo" en que caen estos jóvenes? Según Parece blanca es Cándido Gamboa: "(...) Toda la novela demuestra que tú eres el culpable..." (4) Don Cándido representa al colonialismo español, el español engendrando hijos ilegítimos en pardas y negras. La hipocresía y la doble moral de la época son las que provocan las confusiones y secretos de familia propiciadores de una relación sexual entre consanguíneos. Sin embargo, la obra teatral no explota meramente esta faceta política del incesto. La tentación incestuosa desde el punto de vista psicoanalítico también aparece explícita. Además del claro interés sensual de Leonardo por su hermana Adela, en relación con la cual compara a Cecilia una y otra vez, también está la relación entre Rosa y Leonardo. Rosa va más allá de lo que debía ser su comportamiento como madre, a lo cual su hijo responde con un comportamiento francamente coqueto y lujurioso.
Rosa: (...) (Pausa) (Con malicia) ¿Te gusta mucho?
Leonardo: Me vuelve loco en la cama.
Rosa: No me vayas a contar lo que hacen.
Leonardo: Te lo voy a contar con pelos y señales.
Rosa: (Sin poder aguantar la risa) No te atrevas.
Leonardo: Todo: lo que yo le hago, cómo grita y se queda sin resuello. Grita como si la mataran.
Rosa: (Sin aliento) Cállate, cállate. (5)
Rosa se arregla para el hijo y piensa en él al escoger los vestidos que se pondrá, o el peinado que va a usar. Estorino usa tal circunstancia para remitirse a la mitología, a lo mítico en sus variadas formas. Un mito es el incesto edípico, consagrado aún más por el psicoanálisis freudiano. Pero, especialmente, en esta obra se nos remite a otra lectura de un mito: Electra Garrigó, de Virgilio Piñera, del cual Rosa cita un parlamento textual, como Clitemnestra. La insistencia en la tragedia griega se explica, tal vez, por el hecho de que estos personajes se han convertido en héroes trágicos como consecuencia del capricho de Villaverde, o signados por circunstancias sociales y emocionales que lo hacen inevitable.
Rosa: ¡Ay, qué tragedia! Ser un personaje de ficción y no tener ningún poder de decisión. Todo está previsto(...) (6)
Cándido: Una tragedia. Estamos representando una tragedia y tú no lo sabes. (7)
Adaptar una historia del siglo XIX para hacer aparición en la última década del XX presupone el reto de actualizarla a la sensibilidad de su nuevo receptor. Por eso la concepción del incesto como "pecado mortal" ya no es grata; al contrario, se ve lo prohibido como el mayor incentivo para lo erótico:
Leonardo: (...) Tú saliste a mi padre, como Adela. Y eres la hermana más linda que tengo.
Cecilia: Tengo miedo, me erizo.
Leonardo: Te erizas. De placer. Me encantaría que fuéramos hermanos, así hubiéramos crecido juntos, jugando siempre. Y todo lo que ahora hacemos lo hubiésemos hecho de niños, debajo de la cama, jugando.
(...)
Pimienta: Lo que uno hace de niño debajo de las camas, detrás de las puertas, te hace descubrir que lo que más deseas siempre está prohibido. (...) (8)
2) Vagos rumores... de una época
Vagos rumores (9) es otra obra teatral donde Estorino revisa mitos que nos han conformado en nuestra identidad nacional. En este caso, trata "la dolorosa historia de José Jacinto Milanés", el poeta enloquecido de nuestra época romántica. Una vez más estamos ante la sociedad cubana del siglo XIX: los mismos prejuicios raciales y las mismas lacras políticas. Sin embargo, acá el tema del incesto no tiene como función la denuncia de tales circunstancias. En todo caso formaría parte de una ambientación referida al contexto en que se desenvolvió tal historia: el romanticismo. El llamado "incesto romántico" no se quedó en el Viejo Mundo con Byron, Wordsworth, von Kleist, o Emily Bronte (entre otros también muy importantes), sino que cruzó el Atlántico y acá encontró tierra fértil para afianzarse, como ya hemos visto, hasta su función didáctico-moralizante. Con más fuerza en la poesía latinoamericana, con maestría en la narrativa del norteamericano Edgar Allan Poe. Y es precisamente a un relato de Poe, "La caída de la casa Usher", que parece remitirse Vagos rumores en su tratamiento de la situación incestuosa. Dos hermanos, hombre y mujer, confinados en una casa cerrada al mundo exterior: uno de los primeros puntos de coincidencia entre las dos obras. Al empezar la representación, el mendigo anima a Milanés a recordar y él dice: "Recordaré a mi hermana cantando".(10) Carlota permanece a su lado por veinte años, renunciando a tener vida propia ¿Por qué? Algunos contestarán rápidamente: amor fraterno, vocación por el sacrificio, pero... Eso no se aviene con el personaje que nos presenta Estorino: la muchacha que se ponía un lazo celeste en el escote. Más creíble es que su abnegación por el hermano responda a un apetito carnal que sólo así puede alcanzar.
Carlota: Veinte años viví para él y conocí todo su cuerpo, cada parte de su cuerpo que no olvido: sus manos que apretaban las mías durante las convulsiones; las axilas oscuras, donde descubría cómo le subía la fiebre: el pecho, el vientre. Conocía bien sus muslos, y las piernas, cuando las fricciones le aliviaban los dolores. Así era su cuerpo, sin secretos para mí (...) (11)
La Carlota de Estorino se resiste a la leyenda que le han endilgado: la hermana dulce, dedicada a cuidar del poeta y mantener viva su memoria. Se lamenta de su vida estéril. ¿Por qué nadie piensa que ella deseaba que alguien estrujara su mano y sus pechos? ¿Y por qué nadie se atreve a entender que deseaba todo eso de su hermano?
Carlota: Mientras estabas en La Habana me encerraba en tu cuarto, acariciaba tus libros, registraba en tus papeles. Un día descubrí un poema que no conocía, eran tus palabras y tu voz me las decía...
(...)
Carlota: Nadie puede sustituir a mi hermano.(12)
Esto se ve claramente cuando habla de su comportamiento tras la muerte de Milanés: "Rechacé a los pretendientes y me vestí siempre de negro." (13) Ella dice que no lo olvidó nunca, y el Milanés interior que Estorino intenta retratar sabe que su dulce niña Isa nunca podrá ser tan fiel como su hermana Carlota. Su amor por Isa, su locura, son síntomas de otro tipo de amor romántico, el amor ideal. Pero conoce muy bien que sólo hay una a la que puede pedirle "Sálvame, sálvame" y esa es Carlota. En esos veinte años, es Carlota la única que trae paz y placer a su alma. La hermana lo besa en los ojos, lo baña, y "Milanés se deja hacer, disfrutándolo". (14) Juegan. Milanés la tira al suelo y la mantiene boca arriba, sujetándole los brazos para impedir que se mueva, mientras recita parte del Cantar de los Cantares: " Prendiste mi corazón, hermana mía, esposa..." (15)
Otro punto coincidente con el relato de Poe es la contradicción tentación incestuosa-represión. Roderick sufre por la muerte inminente de Madelaine, pero la esconde bajo planchas de plomo, resguardada por la tapa de un pesado ataúd, última esperanza de su conciencia para oponer un dique al deseo irracional. Aquí es Carlota quien vela en las madrugadas que la respiración de su hermano no se haya detenido aún, pero a la vez desea no sentirla, para que tal tortura moral termine de una vez.
Carlota: ¡Qué ridícula esa leyenda de sacrificios! Presa en cuarto en sombras, vigilando la respiración anhelante de un dios enfermo. (16)
En respuesta a lo cual nuestro autor propone una lectura nueva del poema que antológicamente se ha atribuido a la patria. Carlota, que no deja de ser su patria, podría ser también inspiradora de aquellos versos:
Tórtola mía, sin estar presa, hecha a mi cama
y hecha a mi mesa...(17)
3) Resumiendo:
En Parece blanca (1994) y Vagos rumores (1992), Abelardo Estorino usa el tema del incesto como recurso artístico que refuerza el drama. En la primera de ambas obras fortalece el drama del mestizaje y el prejuicio racial en una sociedad que, por definición, se conforma plena de contradicciones de orden moral y político. En la segunda, la imagen incestuosa hace más evidente cómo el contexto romántico respiraba locura y trasgresión junto a los ideales patrióticos de sus cultivadores. La utilización del tema del incesto también le sirve para actualizar y hacer más reales y cercanas estas historias a la sensibilidad finisecular de ese siglo XX, cambiante y convulso, que nos acogió. A Estorino, un hombre lanzado a recrear mitos de la historia y la literatura, el incesto se le convierte en un pretexto evocador para despertar los ecos de Electra Garrigó y "La caída de la casa Usher", entre otros subtextos que se integran en sus obras.
Notas:
1-. 1994
2-. Estorino, Abelardo. Parece blanca, en Tablas, Ciudad de la Habana, Cuba, 1994, p.3
3-. Idem, p. 17
4-. Idem, p. 5
5-. Idem, p.21
6-. Idem, p.21
7-. Idem, p.24
8-. Idem, p. 18
9-. 1992
10-. Estorino, Abelardo. Vagos rumores y otras obras, Editorial Letras Cubanas, Ciudad de la Habana, Cuba, 1997, p. 261
11-. Idem, p. 295
12-. Ibidem, p. 274
13-. Ibidem, p. 275
14-. Idem, p. 263
15-. Idem, p. 264
16-. Ibidem, p. 301
17-. Ibidem.
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