Palabras de agradecimiento de Adelaida Fernández de Juan en la ceremonia de entrega del Premio "Alejo Carpentier" 2005
Transcripción: Kirenia Legón
Foto: Tamara Gispert
Todas
las personas que nos honran hoy con su presencia están
vinculadas a nosotros tres por lazos familiares, de amistad,
de camaradería; a todas ellas, por el apoyo, por
la paciencia, por la solidaridad y por el amor, gracias.
No me es posible hablar del nombre
que lleva el premio que hemos recibido sin remontarme
a muchos años atrás. Alejo forma parte de
mi familia más íntima desde tiempos que
de tan remotos se confunden con los primeros recuerdos
que tengo de la luz, de una sonrisa, de la vida toda.
Fue un escritor excepcional, como sabemos, un consagrado
absoluto que sorteó amenazas, persecuciones y que
supo evadir las inmundicias de los mediocres que nunca
faltan, con la gallardía y la elegancia de un príncipe
al servicio de todos. Era al mismo tiempo un ser humano
excepcional. Alejo, y me resisto a llamarle Carpentier,
dedicó también su descomunal talento a regalarnos
bondades, abrazos, carcajadas y su orgullo de ser cubano.
Quiero pensar que le causaría placer el hecho de
que un reconocimiento con su nombre nos haya sido otorgado.
Si él pudiera preguntarnos cómo seremos
en lo adelante no dudaríamos en contestarle: “en
honor a tu clara y apasionada memoria, convergiendo del
poeta, no tenemos otra opción que homenajearte
siendo como tú querías: leales trabajadores
de esta isla hermosa con su ardiente sol”.
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