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Dos premios del libro: edición y diseño

Por L.P.N.

Cuando pierden el impacto de la sorpresa por los resultados, las ceremonias de premiación pueden terminar siendo un poco aburridas, pero si cuentan con palabras de elogio ocurrentes, con la llegada, a último momento, de alguien, y un público que comparte la emoción de quienes reciben el homenaje, como en la entrega, este 10 de febrero, del Premio Nacional de Edición a Teresa Blanco y del Premio de Diseño del Libro a Alfredo Montoto, pueden recuperar la intensidad de esos primeros momentos.

Después de que Lucía Fariñas reconociera, en nombre de Beatriz Maggi, la capacidad de Teté Blanco de perfilar cada libro que cae en sus manos, deteniéndose en un exhaustivo cotejo gramatical y sintáctico, y dejándose poseer por el pensamiento del autor, Mirta Yañez llegaría con unas palabras que lograban apresar, en unos cuantos párrafos y de una manera muy ocurrente, el paso de Teté por la aulas de la Facultad de Letras, sus experiencias en distintas editoriales y su personalidad, recurriendo a veces a anécdotas, citando el título de su tesis, algo que empezaba por las perífrasis... y terminaba en el uso del verbo estar, confesando su amistad con esa mujer difícil, polémica, recta, que domina a la perfección el uso de la lengua española, y puede hablar horas sobre tipografía, música celta y las buenas maneras del manual de Carreño.

Teresa BlancoTambién apuntaría Mirta ese estar un poco a la sombra que padecen los editores, una idea en la que se detendría, extensamente, Teté Blanco en unas palabras de agradecimiento que comenzaban definiendo lo que no es un editor: no es un técnico, porque tiene que poseer una amplia cultura y estudios superiores; no es un esclavo del autor; no es un coautor, porque sería un atrevimiento; no es un inversionista, porque al menos en Cuba no se hacen libros para ganar dinero; y tampoco es un cazador de erratas. Para concluir hablando acerca de la necesidad de crear una asociación de editores cubanos, que ayude a conformar y a defender esta labor.

Alfredo MontotoLas palabras de elogio de Artemio Cruz llegaron tarde -no por su causa, como explicó-, pero valió la pena ese golpe de improvisación en este homenaje, que comenzó con unas palabras de Masvidal, y continuó con una extensa lista de las personas a quienes Montoto quería agradecer su apoyo, interrumpida para dar paso a un elogio en el que Artemio fue recorriendo el paso de Montoto desde el diseño con goma y tijera, hasta estos años en los que se recurre al Photoshop, el Corel y el Pagemaker.


En esta nueva edición la feria estará dedicada a

 


   

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