| El Bello Habano:
del burdel al palacio.
Por Yordán Rey Oliva
Fotos Tamara Gispert
Con
la rubia cabeza de Fonseca / Iré a Santiago / Y con el
rosa de Romeo y Julieta / Iré a Santiago. Aunque en
muchas ediciones del poema lorquiano, Son a Santiago
de Cuba. Se tergiversa el verdadero sentido de estos
versos finales, ya no es un misterio para los lectores
que el autor de Romancero Gitano se refería
con ellos nada menos que a nuestro querido tabaco cubano,
único e inigualable y a cuya historia y defensa el escritor
Reynaldo González se ha dedicado en un exquisito volumen
presentado hoy por la editorial Letras Cubanas en el espacio
de esta Feria Internacional del Libro. El Bello
Habano, como bien dice su autor, es la biografía
íntima del tabaco, recorriendo los "siglos en que el hombre
se connaturalizó con un placer que cambió sus costumbres
y compartió aventuras".
Zoila Lapique, Premio Nacional de Ciencias Sociales
2002, y a quien debemos ya un título sobre el tema llamado
La mujer en los habanos", dio a conocer
a los presentes cómo esta edición cubana de El Bello
Habano es superior en diseño a la que se hizo
ya en España. Y no podría ser de otra manera pues esa
hoja misteriosa, que ha pasado entre manos y labios de
"descubridores de América, frailes de aldea, dignatarios,
papas, artistas, piratas, rameras y filósofos" sólo adquiere
verdadero sabor, olor y textura cuando es alimentada en
nuestro suelo y torcido por las habilidosas manos de nuestros
tabaqueros.
El doctor Miguel Barnet, director de
la Fundación Fernando Ortiz, presentó el volumen con estas
palabras: "cuando uno había creído que ya todo sobre el
tabaco estaba dicho, cuando estábamos convencidos de que
no quedaban resquicios por donde su humo embriagador escapara,
el autor ha construido una Catedral con sólidos pilares
que aún testimonian tradiciones"
Recorriendo fuentes principales y de obligada consulta
como el Contrapunteo cubano del tabaco y el ázucar
de Fernando Ortiz, El tabaco y su historia en Cuba
de José Rivero Muñiz, y obras literarias como El
Monte de Lydia Cabrera, El siglo de las
luces, Rayuela entre otros, Reynaldo
Gonzáles nos ofrece en una "bella tabaquera descrita en
ilusiones metafóricas" esta joya que combina la historia
social con la aventura literatura.
La
importancia de este volumen radica en que Reynaldo logra
evitar toda polémica en cuanto al tabaquismo y el antitabaquismo
para centrarse en la gran importancia cultural y social
que ha tenido el habano desde su descubrimiento.
El Bello Habano de Reynaldo
viene a decirnos "de la maravillosa aventura de la hoja
amerindia, emblema de una cubanía que con ella adquiere
resonancia Universal", declara Barnet. "El tabaco esparció
por el mundo el hálito de un nuevo espíritu meditador,
crítico y hasta rebelde, es ritual de comunión nunca antes
visto. vino a cumplir la misma función universal de beber
de un mismo vino o compartir un mismo pan en la mesa.
Y así ha sido siempre en América y entre Europeos y Africanos.
Reynaldo, "con su erudición y espíritu burlón", al decir
del novelista Manuel Vázques Montalbán, escribió este
libro como "despedida" luego de haber consumido tabaco
durante catorce años. Y si en verdad no sugiere su consumo,
si regala su "compañía". Tanto así que no podemos, luego
de voltear las páginas, evitar cierta tentación misteriosa
por probar un Cohiba, o uno de esos famosos Romeo Julieta
del verso español.
Lejos
están los tiempos en que Don Bartolomé de las Casas escribiera:
"Esta hierba tienen los indios por cosa muy preciada y
la crían en las haciendas y heredamientos de sus amos
(.) porque dicen que cuando dejan de trabajar y toman
el tabaco, se les quita el cansancio." Aún así, la imagen
del tabaco ha trascendido, incontaminada, hasta estos
días. Así lo demuestra esta genial "biografía íntima"
que nos regala, una vez más con su magistral pluma, Reynaldo
González.
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publicado en CubaLiteraria |