| De cómo un hombre escribe de mi única
certeza Por Yasmín S. Portales Machado
Foto Andrés Barca
Hay,
en el libro que devoré anoche, un elemento que
me incomoda. El libro en cuestión es muy reciente,
se trata de un volumen de cuentos que Letras Cubanas publicó
dentro de la colección Pinos Nuevos este 2005:
¿Cómo le crecen los senos a
las niñas?, del joven Demis Menéndez.
El tema que me perturba, que me mantiene despierta para
componer estas líneas, es el singular tratamiento
de los personajes femeninos.
Debería ser sincera y decir que me da envidia,
pero eso sería caer en el plano de lo personal.
Para quedar claros: cada vez que lea “inquietante”
o “incómodo” asuma usted que me come
el demonio amarillo por no haber firmado este libro que
ahora reseño.
Se trata de una serie de relatos conectados por las mujeres,
por la visión femenina que signa los relatos. Por
supuesto, este elemento unificador es ligeramente inesperado,
en tanto el autor es un hombre, y se supone que la mirada
genérica es algo de lo cual difícilmente
puede desprenderse el escritor. Sin embargo, las diez
narraciones tienen por protagonistas a las mujeres, y
varias están narradas en primera persona por ellas
mismas. No hay en la escritura de Demis –gráfica
y ágil– sitio para esos lugares comunes que
asocian al personaje femenino con una visión intimista
y delicada, manera en que algunos suponen que todas las
mujeres perciben el universo. Al contrario: los personajes
de este joven comparten su edad (nació en 1980),
sus ansias y carencias. Sus mujeres son, entonces, representantes
de una generación apasionada, llegada a la adolescencia
en un mundo de paradigmas tambaleantes, de ahí
que se enfrenten al amor, el sexo o la política
con pocas palabras y la intensidad de quien ha visto caer
demasiados ideales como para confiar en lo que está
lejos.
Tal vez sea por eso que los relatos de Demis remarcan
su vigor con la elección de espacios cerrados o,
cuando menos, claramente delimitados. Los apartamentos
cerrados, y los parques son sus preferidos. Los primeros,
como resúmenes de la personalidad de los personajes;
los segundos, como espacio de encuentro y confesión.
En las casas, apartamentos o habitaciones, cada elemento
mencionado refleja la personalidad de sus habitantes,
las descripciones adquieren así verdadera importancia
en su apretada síntesis de referentes culturales
y temporales que reflejan no solo a Demis, sino a una
parte importante de su generación. Por otro lado
los parques, diurnos o nocturnos, devienen sitios de entrega
física y espiritual. Los encuentros románticos
no son aquí el tópico recurrente de los
filmes o novelas rosa, sino posibilidades hacia los más
sorprendentes descubrimientos.
Hay en ¿Cómo le crecen los
senos a las niñas? una apretada síntesis
de los ideales y temores de la más reciente generación
de cubanos. Jóvenes preocupados y ocupados por
elementos más –¿o menos?– esenciales
que “los mandados” y el desempeño productivo.
Desgarrados por la emigración y los virus informáticos,
alertas siempre ante la realidad, porque la certeza es
para ellos una duda permanente.
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